La carta

img_7067a1Necesito que lectores y lectoras pongan atención en la carta que se muestra en la imagen (simplemente teneis que pinchar el puntero del ratón encima de ella y se hará más grande). Este documento es verídico, lo escribió una mujer que no llega a los cincuenta y que ya es abuela. Como se puede leer en la misiva, esta señora tiene trabajo pero su sueldo no es suficiente para llegar a fin de mes. De su sacrificio y la caridad del prójimo depende llenar su estómago, el de una niña de dieciseis años -su hija- y un bebé de diez meses -su nieto-.

La situación de esta mujer no es producto de un expediente de regulación de empleo o directamente del cierre de una empresa. Solamente era víctima de malos tratos. Su pareja le zurraba, se vio obligada a dejar el Reino Unido donde residía hasta hace pocos meses y a volver a España con su familia con una mano delante y otra detrás. Su hija todavía sólo habla inglés, por eso cuando fue a pedir a Cáritas se tuvo que servir de una carta escrita por nuestra protagonista para recibir atención de la ONG.

La entrada al infierno de la pobreza tiene muchas puertas, algunas de ellas ajenas a la coyuntura económica pero en cualquier caso siempre ligado a los diferentes tipos de violencia (física, psicológica, económica, social, por poner algunos ejemplos, y todas ellas interrelacionadas) que se puede ejercer sobre las personas. Un accidente o una enfermedad puede ser el principio de un mal sueño para cualquiera de nosotros. Los comedores para transeúntes, los servicios sociales, las ONGs, ahora rebosan de “clientes” por culpa de la crisis económica pero también es cierto que en la época de las vacas gordas había bastante trabajo para los profesionales y voluntarios de la asistencia social.

El estado y la familia son los dos extremos de la organización social tal y como se conoce en Occidente. Si la familia tiende a reducir su tamaño hasta el extremo de que actualmente sólo hacen falta dos personas para contabilizarla como tal, la vulnerabilidad de ésta ante la violencia es máxima, la autora de la carta bien lo sabe. Parece lógico que el estado también cambie y compense el pepel solidario que en ocasiones se ve incapaz de ejercer la familia. El problema es que los tiros no van por ahí y, aunque los políticos digan lo contrario, los que tienen el poder sueñan con un estado cada vez más pequeñito que solo sirva para defenderles… de la violencia, claro.

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2 pensamientos en “La carta

  1. Hoy los informativos llamaban la atención sobre una situación paradójica: Los comedores sociales y demás lugares de beneficencia, aquellos que ayudan a los mendigos y demás necesitados, se veían obligados a mendigar porque no llegan a fin de mes. Es tal el incremento de su “clientela” que no hay para todos. Era curiosa la imagen de voluntario del comedor llamando a empresas para pedir alimentos que muchas veces tiran. De lo que se tira podría vivir mucha gente. Creo que debería regularse legalmente este asunto. Debería sancionarse a las empresas que tiran alimentos y obligárseles a cederlos a fines sociales. Todo esto ocurría mientras yo preparaba la comida para mis hijos, y ¡me sentí tan afortunada de poder ponerles un buen plato de comida en la mesa!

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