Anomalías

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que una anomalía es una discrepancia de una regla o de un uso. Ayer, Primero de junio, se detectó en los medios de comunicación un fenómeno de estos. Está por ver si realmente estamos hablando de hechos constatados o simplemente son ganas que tienen algunos de aparecer en los papeles.

El primer alto en el camino tiene que ver con una sorprendente y curiosa declaración de intenciones de algunos componentes del sector acomodado de la sociedad alemana. Agárrense que vienen curvas: una veintena de adinerados residentes en las ciudades de Hamburgo y Berlín -son pocos pero es que tampoco tiene que haber muchos- le piden al gobierno germano que les suban los impuestos a los más ricos. No es caridad ni generosa ingenuidad, sino responsabilidad social, dicen los traidores a los de su clase.

Otro asunto curioso. Un cura en La Coruña se está jugando el puesto, su idea: impulsar la apertura de la mayor fosa común del franquismo, manifiesta un titular periodístico. El párroco justifica su acción y dice que recopilamos datos e historias con toda la precaución y respeto por el dolor de las familias que no quieren remover el pasado, pero tampoco podemos mirar para otro lado, esos muertos son patrimonio de todos, murieron por unos ideales y por soñar con una sociedad que hoy nosotros disfrutamos.

Por último, un banco está dispuesto a pagarle a sus empleados un parte de su sueldo por no trabajar en un periodo de tres a cinco años. Pasado este tiempo, los asalariados pueden recuperar su puesto de trabajo. Ahora toca decir ¿dónde está la trampa? La lógica dice que el banco se ahorra hasta un setenta por ciento de los costes laborales que generan los empleados que se acojan a la propuesta y éstos se benefician… más bien en poco o nada. A no ser que el trabajador de cuello blanco gane un pastón y tenga un buen riñón del que tirar. La dirección de la entidad bancaria dice que en este plazo los que se tomen las super vacaciones mal pagadas pueden estudiar un master o sacar una oposición (esto es lo que más le gustaría al banco, un trabajador menos y un nuevo funcionario para conseguir una hipoteca más, vamos, negocio redondo).

De momento, el mundo todavía sigue en pie.

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