La marca es el reflejo del alma

A veces los árboles no nos dejan ver el bosque. Los lectores y lectoras están hartos de escuchar y leer que el enemigo natural del pequeño comercio es la gran superficie de distribución. Nada que objetar, que el Carrefour, El Corte Inglés, el Ikea o el Media Markt se están puliendo al llamado comercio tradicional es un hecho. Los gigantes y su flora intestinal (ya saben, el Zara, el Springfield o el H&M, entre otros muchísimos), por supuesto.

Ahora bien, los medios de comunicación han dejado entrever en los últimos meses la dura batalla que se está librando ante nuestras narices y de la que somos completamente ajenos -por desconocimiento- aunque en realidad somos los auténticos culpables. Se trata de la lucha entre las marcas del distribuidor (o blancas) y las (mal llamadas) comerciales. El apoyo de las grandes empresas de comunicación a sus clientes es total y anuncian poco menos que una catastrofe de dimensiones incalculables si los consumidores mantenemos nuestro empeño en comprar pasta, conservas, limpiacristales o espuma de afeitar que lleve el nombre del supermercado. Los mensajeros a la voz de su amo ya se han apresurado a repetir hasta la saciedad que un precio alto es sinónimo de calidad. Los grandes vendedores ya se han puesto las pilas y han dejado claro que el buen producto también puede ser barato.

Los nombres de las grandes superficies de distribución se han introducido en servicios como la telefonía móvil y ya están peleando por colocar fármacos en sus lineales. La situación en este sector va a ser curiosa ya que tendremos en súpers e hipermercados medicamentos genéricos, del distribuidor y con la marca impuesta por el laboratorio.

Tengo un buen amigo cuyo padre era propietario de un negocio familiar. Producía y vendía vestimenta de tipo vaquero. Un buen día llegó un hipermercado y le compró todo el stock e incluso le pidió que fabricase para él más partidas. El caso es que el gran distribuidor le pagó a los noventa días de llevarse la mercancía y, además, la vendió en su gran almacén a un precio más barato que en la pequeña tienda de barrio del padre de mi amigo. Fue la primera y última vez que hizo (malos) negocios con ellos. En Galicia, a los productores de leche les han puesto en una tesitura similar a la narrada anteriormente, trabajas así o cierras, ahora manda más que nunca el mercado y los consumidores sólo quieren precios bajos, explica el administrador de la mayor industría láctea gallega.

¿Qué futuro nos espera? De momento, se constata en el sector de la alimentación un fenómeno presente en otros ámbitos de la sociedad, la fragmentación y la polarización. Por un lado se venderán muchos productos “de marca” por ser considerados de gran calidad y también se distribuirá en grandes cantidades los de “marca blanca” por su buen precio. Si hay acuerdo entre los poderosos es malo para los consumidores puesto que no podremos controlar los precios. Si no hay entente ¿quién es el más fuerte? ¿Los que tienen unos altísimos costes en mano de obra, logística y publicidad? ¿O los que disponen de miles de metros cuadrados para poner en sus estanterias lo que les da la gana y tienen empleados contratados a tiempo parcial?

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4 pensamientos en “La marca es el reflejo del alma

  1. Bueno creo que el problema lo ha expuesto muy claro, las Grandes Superficies son en estos momentos los reyes del mambo, compran al precio que les da la gana, pagan a 180 dias o más y despues lo venden como les viene bien. ¿que podemos hacer?, pues la solución la tenemos los consumidores. Si lo único que nos preocupa es un precio bajo sin mirar ni la calidad del producto ni la actuación del comerciante (en este caso los Distribuidores) dentro de poco ya no tendrá remedio. Se habrán cargado a todos (agricultores, ganaderos y Fabricantes) y como los consumidores ya no tendremos elección tendremos que comprar lo que nos quieran vender y al precio que ellos pongan.
    Solución que se metan las marcas blancas donde les quepa, y comprar Marcas originales a precios razonables, ultimamente los Fabricantes se estan poniendo las pilas y hay buenas ofertas.

    • Salvo impulsos fundamentalistas (nacionalismos trasladados al consumo), el precio siempre impone su Ley.

      saludos y gracias por su participación

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