Ya lo decía la Bruja Avería

El gerontólogo Tom Kirkwood lo advierte, vivimos en la cultura del desaprendizaje. El británico pone como ejemplo la muerte, nuestro cuerpo no está programado para morir, la salud física y mental exige, antes que nada, erradicar esta falacia, dice el científico. Pero cómo se introducen estas creencias en nuestra mente. El sociólogo Jesús Ibáñez con su descripción de la dinámica comunicacional de la estructura de una sociedad dispone de una buena explicación. Según el sabio cántabro, en una estructura jerarquizada, como son muchas de las que conforman el sistema social, se produce una transferencia de información procesada –conocida como neguentropía- desde quienes la elaboran -medios de comunicación, grupos de presión, élites económicas, científicas y políticas, entre otros muchos- hasta el resto de los humanos. Cada paquete especial que nos llega, se instala en nuestra mente.

Voy a exponer un ejemplo cercano a nuestras vidas, menos trascendental que la cuestión de la muerte pero igualmente palpable. Se ha instalado en la cultura popular, refiriéndome al universo de la política occidental y como si de la primera lección de un manual básico del buen político se tratara, que el mejor representante de los ciudadanos debe tener como principal virtud ser un BUEN GESTOR. Y así lo van cacareando por los medios de comunicación, sin que nadie se atreva a ponerlo en duda. Sin ir más lejos en una radio local pude escuchar la semana pasada, de boca de un político con cargo en la Diputación Provincial de Alicante, que “yo no me considero un político, soy un gestor”.

El sentido común dice que política y responsabilidad no deberían ser términos excluyentes, ni opuestos. El sociólogo Max Weber dijo al respecto que (el político) debe reunir tres cualidades que pueden considerarse decisivas para un político: la pasión, el sentido de responsabilidad y la seguridad interna, según aparece en su La política como profesión.

Otra situación bien distinta, pero ligada a todo lo anterior, viene cuando los políticos se refieren a su sentido de la gestión como una forma de hacer las cosas, desprovista de cualquier tipo de ideología, como propugnó Francis Fukuyama durante la década de los noventa instalada de pleno la doctrina neoliberal. Pero la cuestión es: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de buena gestión? ¿Sólo son capaces de ejercitarla los del FMI, los tecnócratas de la UE, los asesores expertos de ciertos grupos de presión?

La Bruja Avería tenía razón: vamos a desaprender para desenseñar cómo se deshacen las cosas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s