Self Service

Servirnos nosotros mismos la gasolina en una estación de servicio es un hecho en el que ya no reparamos ni lo advertimos como extraordinario, lo encontramos perfectamente normal aunque algunos todavía se resisten a contribuir a la extinción de la figura del gasolinero.

El concepto del self service apareció, según dice la Wikipedia, en el año 1916 con la aparición del  primer supermercado autoservicio en Memphis, Tenesse, Estados Unidos. Desde que al empresario Clarence Saunders se le ocurriera la idea de que sus propios clientes se sirvieran los productos de su grocery store y la patentara al año siguiente del alumbramiento, el fenómeno se ha extendido por todo el mundo y se ha convertido en uno de los sistemas de mercadeo más populares. Además, el invento ha sido adaptado a numerosas actividades, desde la distribución de preservativos en los aseos de las discotecas hasta la venta de cualquier tipo de comida a través de un peculiar, sofisticado y aséptico restaurante automatizado que  sus dueños instalan en los lugares más insospechados, por ejemplo, al lado de la parada de un autobús.

El último ejemplo lo proporciona el autobancario, esto es, dícese del cliente  de cualquier entidad financiera que se encarga de tramitar los reintegros e imposiciones de capital en su cuenta, sin más intermediación con la empresa de turno que una máquina último modelo.

Esto mismo me pasó ayer por la mañana. Entré en una caja de ahorros, le pedí al operario que atiende en el mostrador que ingresara en mi cuenta cierta cantidad de dinero. Pero su reacción a mi petición fue distinta a la habitual en los últimos años. En lugar de coger mi dinero, contarlo y ejecutar la operación reglamentaria, me preguntó si conocía el método para realizar la acción yo mismo, a través del cajero. Yo le contesté, completamente sorprendido ante esta situación, que ni la idea más remota. El joven se complace en acompañarme hasta la máquina de marras y me cuenta el procedimiento como quien recita un padrenuestro. Cada vez son menos necesarias las personas como operario de un servicio. La semana pasada apareció en la prensa un dato bien elocuente: más de mil quinientas sucursales de bancos y cajas de ahorro echaron el cierre el pasado año.  Y las que les seguirán.

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