Muchos fallos en la Educación

Hemos escuchado más de una vez que en este país sobran licenciados universitarios. Incluso, los que carecen de estudios de grado medio -el bachiller, por ejemplo- se jactan de ello y lo justifican argumentando que con sus trabajos ganan más que muchos con un título superior. Tampoco es nuevo que bastantes empresarios hayan protestado por la fijación que tienen los adolescentes por elegir la universidad como el siguiente destino en su itinerario formativo. Siempre ponen el ejemplo del abogado que trabaja como camarero. También hemos participado en conversaciones en las que nuestros interlocutores, o nosotros mismos, hemos apuntado sorprendidos que un electricista, un fontanero o técnico especialista en la reparación de cualquier tipo de maquinaria, se gana muy bien la vida, que la vida no se acaba en la universidad y que la formación profesional es una salida más que digna.

Sea como fuere, el caso es que los ministros de Educación de la Unión Europea se han propuesto elevar, en el plazo de diez años, el número de titulados superiores, universitarios y de ciclos formativos de grado superior. Nada que objetar, todo lo contrario, aunque existen unos condicionantes que deben ser tenidos en cuenta para que el objetivo alcance las consecuencias esperadas.

En un estudio realizado en el año 2007 por el Observatorio de Inserción Laboral de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) concluye varios aspectos preocupantes de la población universitaria en relación con sus estudios. El primero de ellos es que la distribución de estudiantes entre las distintas titulaciones universitarias está fuertemente influenciada por la situación socioeconómica de la familia de cada uno de ellos y ellas. Los mejor posicionados acceden a carreras con más salidas laborales y con mayor prestigio social.

También es significativo que, según indica el estudio, las empresas sean incapaces de aprovechar las habilidades que los universitarios adquieren en las facultades, tan sólo se valora la capacidad de trabajar en equipo. El resto, incorporar nuevos conocimientos, la capacidad para realizar informes y estudios o la capacidad analítica del candidato a un puesto de trabajo, entre otras, son prescindibles.

Finalmente, más de la mitad de los egresados, según la encuesta en cuestión, no volvería a realizar los estudios en los que ha empleado una gran cantidad de esfuerzo.  Estas son tres pinceladas del estado actual de la situación actual de la formación superior en el país, sin perder de vista que el porcentaje de fracaso escolar es del treinta por ciento. Hace falta un cambio en el modelo de acumulación, más aún en el educativo y formativo.

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5 pensamientos en “Muchos fallos en la Educación

  1. Creo que si el joven quiere trabajar en la empresa que decida, esta le debe dar una util capacitacion, así ahorramos años en la universidad; es lo que pretende dar el Plan Bolonia, claro y quieres se oponen son parte del Antiguo Régimen

  2. Que las empresas nos formen…….claro!! así sólo nos enseñarán lo que sea necesario para trabajar en esa misma empresa, y ayudarle a sacar los mayores beneficios económicos en el menos tiempo (y siendo conocedores de la generosidad de los empresarios, seguro que eso nos repercute directamente hacia los sueldos…y hacia nuestras condiciones de trabajo).

    Si total!! todo lo que no sirva para trabajar ya! aquí! y ahora!, para que nos va a servir! eso de las letras no son más que tonterías!!

    y porque no proponemos que nos introduzcan algún tipo de programa que nos diga lo que hacer?? sería todo más fácil…y nos quitaríamos un montón de años de experiencias vitales…que total, no nos hacen ganar dinero, ni tener un coche o una casa más grandes; imaginad que fácil un programita para no pensar, ahora caga!! ahora mea!! ahora pisotea a lxs demxs!….

    ………..1984…………

    • Isaac Asimov contó esa historia hace bastante tiempo. En un relato corto, no puedo acordarme del título, el escritor describe a una sociedad en la que los jóvenes no acuden cada día a la escuela. Simplemente, acorde con sus características genéticas, se les inserta un chip en la cabeza para equiparles con los conocimientos necesarios para desempeñar el trabajo para el que ha sido designado por la autoridad. Es una organización social en la que el “mercado de trabajo” decide el futuro de la población, donde las personas han perdido la facultad de aprender, quizá, la habilidad más humana.

      Es curioso ver como en los últimos años nuestros gobernantes pierden mucha energía exaltando con fiereza la figura del emprendedor con el fin de construir un referente social y, sin embargo, por otro lado, reduzcan a los futuros alumnos y alumnas universitarios el abanico de estudios por los que pueden optar.

      El carácter emprendedor es inherente al ser humano, como la creatividad. Para hacerlo florecer es necesario que las personas dispongan de un bagaje emocional determinado y, sobre todo, un sentido moral de la convivencia. A partir de aquí, emprender puede hacerlo cualquiera, las buenas ideas no son exclusivas de egresados en empresariales, derecho o cualquier ingeniería, las titulaciones estrellas en la actualidad.

      Es cierto que hay que reformar el sistema educativo, pero por abajo, desde la Educación Primaria. Comenzar por la Educación Superior significa cambiar el modelo de negocio, el de la formación, claro.

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