¿Tú qué eliges? ¿quieres más… o menos? Etiquetas (I)

No nos dejan llegar al fondo del asunto. Muchas discusiones y debates públicos pero cuesta salir de las etiquetas sociales. Un colega dedicó una entrada de su magnífico blog a hablar de ellas y, entre otras afirmaciones, dijo que éstas las utilizamos para ocultar lo que sucede en la realidad y hacernos una idea de cómo se organiza el mundo. Estando absolutamente de acuerdo con él, me gustaría proponer un ejemplo de cómo se utilizan en un caso hipotético.

Las etiquetas sociales también afectan a la Ciencia. Por ejemplo, a la Economía, veamos cómo. Imaginemos que una sociedad equis vive una situación económica determinada. Los expertos dicen que existe un problema y una parte de la comunidad científica dice que éste se soluciona haciendo más competitivas a las empresas que operan en esa sociedad y que eso se consigue, entre otras medidas, con una reducción de salarios y cuotas a la seguridad social -para los dueños de las mismas-, la sensible rebaja de los impuestos -principalmente para los dueños-, el abaratamiento del despido -que corre a costa de los dueños- y la flexibilización del mercado de trabajo. Otros doctos en la materia, en cambio, también observan un problema pero dicen que no es necesario todo lo anterior y que para sanar al enfermo hay que incrementar la inversión pública en sectores estratégicos para la sociedad, implantar una fiscalidad realmente progresiva y que también es imprescindible que el dinero vuelva a fluir, si es necesario, creando una banca pública o nacionalizando las empresas privadas ya existentes. Y, también, reglamentando, o limitando, el uso que las entidades financieras hacen del capital.

Dos soluciones muy distintas una de otra. Tanto que parece que los científicos que las defienden hayan partido de problemas diferentes aunque todo tiene el mismo nombre:  crisis económica. El objetivo ahora es conseguir que no se note este pequeño defecto y, de paso, lograr que una receta parezca mejor que la otra si bien intentarán que pase desapercibida. Los que sacan beneficio de la primera solución tienen mucho dinero. Éstos hacen su campaña publicitaria y le ponen, lógicamente, nombres atractivos a su propuesta para que se venda bien. De paso, también aplican denominaciones a la otra, no tan sofisticadas, claro. Las primeras se podrían denominar políticas de modernización y producen crecimiento. Los defensores de las soluciones aportadas por el otro grupo de científicos utilizan términos como políticas de sostenibilidad y conllevan decrecimiento. Y esas son las etiquetas menos agresivas. Imaginad que utilizamos denominaciones (cada uno o una que las haga corresponder con las soluciones como crea conveniente) como políticas neoliberales, de derechas, comunistas, socialistas, intervencionistas, socialdemócratas, rojas, fachas, etc.

Si tú tuvieras que elegir entre una y otra solución, qué elegirías, más… o menos. Ten en cuenta que una propuesta aparece en los periódicos, la televisión y la radio, a todas horas y en boca de numerosas personas -incluso parece que es la única vía- vestidas con traje y corbata, cabello engominado (el que lo tenga), maletines de ejecutivo y conducen el coche que te gustaría pero que no te puedes comprar. A los otros, en cambio, se les ve poco en los papeles, te proponen ir a todos sitios en bicicleta y no van a la moda.

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