La biología, la razón y el poder

La biología humana plantea cuestiones inquietantes. Hace unos días estuve escuchando a Eduardo Punset en la Universidad de Alicante decir algo desconcertante, que la razón se mueve varias décimas de segundo por detrás de la actividad subconsciente. Su consejo: dejarse llevar por la intuición a la hora de tomar decisiones.

La pregunta es la siguiente, cuando los personajes públicos se refieren a cuestiones relevantes para el futuro de la convivencia, ¿quién habla, el subconsciente o la razón? Un político catalán, de esos que llaman bisagra, ha vuelto a poner en duda el subsidio para los agricultores andaluces dado que, según dice, algunos de los beneficiados están estafando al conjunto de la ciudadanía. Desde luego que los habrá, como los hay banqueros que venden productos financieros que sirven para arruinar a un país. El sistema económico es imperfecto, qué le vamos a hacer. La solución: que pasen por los tribunales, todos.

El mismo politicastro también ha dicho a la prensa que es necesario superar la confrontación entre las izquierdas y las derechas para salvar la situación del país, un argumento que ha repetido en varias ocasiones, también en la época de las vacas gordas. Es como los empresarios y su discurso pesado, reiterativo, sobre las cargas que supone la mano de obra para el empleador y las formas de liberarle de ellas. Bueno, asumamos que es su arma para negociar como lo es la de los sindicatos amenazar con convocar una huelga.

La razón también tiene su miga. Dice el diccionario de la RAE que la razón es la facultad de discurrir, no menciona en absoluto quién la gobierna. ¿Será la intuición? ¿Todas las intuiciones son iguales? ¿De dónde parte la intuición? Necesitamos respuestas.

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2 pensamientos en “La biología, la razón y el poder

  1. La xenofobia es una reacción subconsciente frente al extraño. Se sitúa en la amígdala, la parte más primitiva y “animal” del cerebro. Afortunadamente, la neo-corteza (la razón) evalúa, en fracciones de segundo, la posible amenaza que supone el extraño y no se lía a mamporros con el primer diferente que se encuentra. ¿Nos dejamos, entonces, llevar por el subconsciente?

    • El problema que yo veo, y me parece bastante serio, es que los políticos gustan de manejar las emociones de sus gobernados, como lo hace la industria con los consumidores a través de la publicidad. Vamos, que por mucho neo-cortex del que dispongamos, cuando vamos a votar la amigdala trabaja a destajo. E idem cuando nos metemos en el Pryca.

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