Incivilización (I)

El Estado de Bienestar está en peligro, dicen que lo van a desmantelar. En su lugar emergerá una economía con carácter sostenible. Cómo es el marketing, a un modelo de sociedad más desigual e injusta le aplican un concepto extraído de la popular ideología ecologísta y parece otra cosa, por inevitable, según dicen los serviles medios de comunicación, parece hasta deseable.

Un sociólogo, Norbert Elias, destacó en la segunda mitad del siglo pasado por defender una curiosa teoría sobre la evolución de la sociedad. Según el pensador alemán la historia, al menos desde la Edad Media en países como Alemania, Francia o Inglaterra, ha visto como los individuos se imponían cercos y normas para eliminar ciertas conductas consideradas primitivas. El deporte podría ser una consecuencia de este proceso civilizatorio. De esta forma, una práctica violenta restringida por normas se convierte en una actividad que goza de la completa aceptación de una sociedad que rechaza con el paso del tiempo la violencia como vehículo relacional.

El Estado del Bienestar nace oficialmente tras la II Guerra Mundial como un pacto entre los propietarios del capital y los trabajadores en el que el estado ejerce como garante del acuerdo a través de normas que elabora en virtud de los mismos. Hasta ese histórico momento, la violencia, a través de guerras y dictaduras, sirven de impulso al sistema de acumulación hasta que las élites economicas y políticas aprovechan la predisposición de la población a vivir en relativa paz y consideran que una sociedad de consumo responde perfectamente a sus intereses. La socialdemocracia se impone, los sindicatos se hacen fuertes y el consumismo también. Todos de acuerdo, esto es una sociedad civilizada. Las dictaduras y la guerras son propias de países incivilizados, una cosa de tribus y pobres.

Pero parece que las cosas cambian. ¿Estaremos retrocediendo cincuenta años en el tiempo? Con la que está cayendo para propietarios de empresas, gestores de la cosa pública y trabajadores, y en medio de las amenazas de los que tienen el poder económico, los voceros de las élites políticas, que realizan su trabajo con un celo extremo -supongo que para dejar claro que están donde hay que estar cuando más se les necesita-, critican las huelgas de los trabajadores del Metro de Madrid por el fastidio que ocasionará a la población (y de paso a los empresarios cuando todo el mundo llegue tarde a sus trabajos). Los sindicatos simplemente cumplen con las expectativas. Si caminamos por la senda de la civilización está claro que los actores implicados deberán arbitrar un nuevo pacto  y definir un nuevo modelo de acumulación, algo de lo que se está muy lejos.

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Un pensamiento en “Incivilización (I)

  1. El Estado de Bienestar buscaba reducir diferencias entre ricos y pobres; claro los ricos reaccionan provocando crisis para que ellos salgan beneficiados

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