Los impuestos, los votantes y la lucha de clases

A pesar de que la izquierda está de vacaciones intentando recomponerse, refundarse o rebautizarse, la lucha de clases sigue su curso. En plena crisis hay una cuestión difícil de abordar, o mejor dicho, una decisión difícil de tomar. ¿A quién le subimos los impuestos?

Para la gente de la calle, en este debate no hay más etiquetas que dos: los ricos y los pobres que no necesariamente debe coíncidir con los buenos y los malos, y mucho menos, con los de derechas y los de izquierdas.

Immanuel Wallerstein, un sociólogo de los importantes, hace hincapié, en un artículo mal traducido, en este asunto: según la política que se aplique, de forma indirecta estamos incrementado los impuestos a uno u otro grupo de población determinado. Además, según el científico, los votantes de derechas tienen más expectativas puestas en la subida de impuestos que los de izquierdas.Es curioso, desde luego.

Y es que ser votante de derechas no significa necesariamente estar podrido de dinero, ni mucho menos. Los partidos políticos son como en cierto tipo de comercios: se vende un poco de todo, aunque de algunas cosas más que de otras, por aquello de diferenciarnos del de al lado. Eso sin hablar de las campañas de publicidad que hacen que los contrastes destaquen y aparentemente se diferencien unos de otros. Al final, tu votas a los derechones, no tienes un duro pero te aseguran que te quitan a los moros de encima porque te han convencido de que ese es tu principal obstáculo para ser feliz. Pero claro, si hay que incrementar la edad de jubilación, sufrir rebajas de calidad en la Educación y Sanidad o vamos a dejar de recibir tal o cual subsidio, la cosa cambia y subir los impuestos no es algo tan descabellado, se asume y en paz. Y en los supermercados de la izquierda, otro tanto de lo mismo. Los hay con un poco de esto, de lo otro, de aquello y del más allá.

El marrón es para los partidos políticos que deben hacer algo con la política fiscal. El cuerpo les pide subir los impuestos, sobre todo con el enorme deficit de las cuentas públicas, pero su conciencia neoliberal, es decir, el dictado de los lobbyes, les obliga a bajarlos, tal y como explica Vicenç Navarro en uno de sus últimos artículos: el problema de aplicar una política impositiva regresiva -favorable a los que más tienen- en lugar de una progresiva es que el Estado deja de ingresar el capital necesario para crear miles de puestos de trabajo.

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