Malas influencias

Según cita un diario, el primer informe de la ONU sobre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) comenzó con la siguiente amenaza: la verdadera riqueza de una nación está en su gente. La frase tiene veinte años.

En fechas recientes se ha dado una de esas conjunciones cósmicas de las que hablan los políticos del Reino. Han publicado, casí al unísono, el referido estudio de la ONU y la lista de los individuos más influyentes del mundo, según Forbes, claro. La cuestión es la siguiente: ¿realmente las gentes que habitan una nación tienen un papel significativo en el desarrollo de las sociedades? Me refiero a un desarrollo de la población y su entorno justo, equilibrado y sostenible.

La revista Forbes realiza periódicamente un ranking —como el de los Cuarenta Principales– en el que clasifica a las personas más influyentes del mundo. En el primer puesto figura Hu Jintao, el presidente de la Repúlica Popular de China. Esa China en la que tienen que instalar redes gigantes –como la de los circos– bajo las ventanas de los edificios que ocupan algunas empresas para evitar los suicidios de sus empleados. O esa China que tiene encarcelado al Premio Nobel de la Paz, en definitiva, la China de la dictadura, aunque sea la del proletariado, y que ocupa el puesto 89º (de 160 estados) en la clasificación del IDH de la ONU. Los hombres y mujeres de negocios de todo el mundo la veneran por legitimar la esclavitud y la envidian porque en sus países no la pueden reinstaurar.

Barack Obama es el segundo para Forbes.  El tipo influye, eso está claro, pero a algunos de sus compatriotas –más influyentes aunque a la sombra de Forbes– no les ha gustado su forma de hacerlo y mucho menos los fines que persigue con su poder. A pesar de todo, su país figura en el cuarto puesto del ranking IDH de la ONU.

El rey de Arabia Saudí, Abdullah bin Abdul Aziz al Saud, es el tercero según Forbes. Su reinado figura en el lugar 55º de la lista IDH. Poco positivo se puede decir de un tipo que es el monarca absoluto de un país feudal que, además, tiene en el Corán su Constitución y su sistema punitivo contempla la mutilación. No olvidemos que las mujeres deben usar niqab.

La lista sitúa entre sus diez primeros puestos a Vladimir Putin, presidente de una Rusia colocada en el puesto 65º del IDH, el Papa Benedicto XVI, Ben Bernanke o Bill Gates, todos ellos representantes de los poderes fácticos. Ninguna sorpresa.

En cambio, los tres primeros de la clasificación del IDH de la ONU son, por este orden, Noruega, Australia y Nueva Zelanda. Ningun ciudadano de estos países se encuentra entre los más poderosos según Forbes. Los referentes a escala mundial son siempre los mismos. Eso sí, Forbes no deja de ser una empresa de comunicación y elige a quien le da la gana y paga.

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