Contra el demonio

Hoy un periódico abre con la publicación de una noticia referida al proceso de negociación entre los sindicatos —los llamados mayoritarios— y el Estado. No tiene desperdicio. Según la redactora del artículo, los sindicatos cambiarán de estrategia de manera radical. El motivo: ¿defender los intereses de los trabajadores y trabajadoras? No, se trata de simple y puro miedo.

Según cuenta la referida escritora: temor a seguir perdiendo popularidad, a quedar de nuevo en evidencia, a no mantener su posición como referente ante los trabajadores y trabajadoras. Ante esta situación los sindicatos se están pensando dos veces —o ya está más que decidido, sólo están buscando la forma de justificarse ante sus afiliados— lo de convocar una nueva huelga general para protestar contra la reforma del sistema público de pensiones. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? Hasta el más benévolo de los simpatizantes con el movimiento obrero tiene claro que los sindicatos mayoritarios se han convertido en una organización de estómagos agradecidos gracias al sistema de liberados sindicales, que muchas veces actúan dirigidos por la mano del gobierno de turno y que su intereses se centran, principalmente, en mejorar las condiciones del funcionariado olvidándose de los que están afuera, en la selva que es el territorio de la empresa privada. Pero, a pesar de todo, los sindicatos también sirven de altavoz y tienen la capacidad de hacerse oir, hacen explicito que existe el conflicto y que los intereses del capital no son los de los trabajadores. Se les tacha de trasnochados pero es que el conflicto entre los que tienen el poder y los que carecen de él ha existido siempre.

En este momento, en el que los mass medias no ponen en duda ni una coma del dictado de los mercados y de sus aparentemente racionales órganos de expresión que son las agencias de calificación del crédito (Moody’s) o del riesgo (S&P), en el que la amenaza de nuevos pobres se ha convertido en una realidad, con políticos a los que le falta valor y voluntad para imponer los intereses generales, los sindicatos no puen tener miedo.

No sé si vivimos en una sociedad parecida a la que describió Orwell en su 1984 o a la que imaginó Huxley en su Mundo feliz. Las dos son lamentables. Ahora está de moda buscar parecidos con las distopias mas famosas, yo voy a proponer otra: la saga de la Guerra de las Galaxias. Dice el Maestro Yoda sobre el miedo:

“el miedo es el camino al lado oscuro. El miedo conduce a la ira. La ira al odio. El odio lleva al sufrimiento”

Mientras, el movimiento obrero se desbarata y hacen acto de aparición nuevas organizaciones con ideologias contrarias a los valores democráticos, el Tea Party español, dicen los voceros, que ya estaría extendiendo su influencia sobre un partido con fuerte aspiración a gobernar. Este es el mundo que nos toca vivir, del que hablan los periódicos, la radio, la televisión, en internet,…. a todas horas.

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4 pensamientos en “Contra el demonio

  1. Muy bien aprendido has, mi joven padawan.
    La pregunta es: ¿de qué lado lucharás? A la huelga no debes ir pues el Jedi sólo se defiende y atacar nunca debe. Del reverso tenebroso los sindicalistas señores son. Del reverso tenebroso Zapatero señor es. Del reverso tenebroso los lobby señores son.
    De Yoda, el último conservador, un saludo recibe.

  2. La República por sí sola no será la respuesta. Los lobbys tenebrosos saben moverse en cualquier reverso tenebroso que se les presente y, agitan los vientos, a su siempre favor. Imaginar más allá de lo conocido debemos.

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