Emprender, crear y emocionar

La falta de buenas ideas o, mejor dicho, la incapacidad de canalizarlas como es debido y sacar fruto de ellas, a menudo se confunde con la falta de arrojo para llevarlas a cabo. De un tiempo a esta parte, las administraciones públicas —estatales, autonómicas y locales— se han centrado en promover la figura del emprendedor como una de las soluciones a los problemas de la sociedad actual.

La estrategia es la siguiente: hay que incrementar el estatus de los emprendedores. Un grupo de sociólogos ha estudiado el papel que juegan las emociones en la conducta de las personas en el marco de una sociedad concreta y para ello han utilizado dos dimensiones de las relaciones sociales: el estatus y el poder. El primer concepto hace referencia a la consideración positiva que tiene un individuo o grupo para otros miembros de la sociedad. La capacidad de influir de los unos —los que tienen estatus— sobre los otros se produce de manera poco traumática: los que que dan lo que se les pide lo hacen de buena gana. Sin embargo, los que tienen poder, pero con una posición en la sociedad reconocida de manera negativa, sólo pueden influir usando la fuerza. Esta situación es conflictiva y puede llegar a ser problemática. De la misma forma, si interesa menoscabar el poder de un grupo es importante reducir o anular su estatus. Y esto también puede ser peligroso. Pongamos, por ejemplo, la campaña contra los sindicatos en los momentos previos a la huelga general del pasado 29 de septiembre.

La naturaleza humana es, por definición, emprendedora. Pero el estado, la patronal y los medios de comunicación no hablan en los mismos términos ni con la misma intención de esta idea que, por ejemplo, los trabajadores, al igual que hacen con el concepto de creatividad los gobernantes, los mandamases de la industria cultural, los empleados estrella de estas compañias o los mass medias en los debates sobre la propiedad intelectual de los artistas que, a su vez, es distinta de la que exponen los consumidores de cultura. Llamar a los de un bando artistas y a los del otro piratas, es una forma de reforzar el estatus de unos y reducir el de los otros. Al igual que quieren hacer con los conceptos de emprendedor y sindicalista.

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