Zóon emotikón

Las imágenes hablan por si mismas aunque las palabras no le andan a la zaga. Los titulares que aparecen en las portadas digitales de la prensa utilizan expresiones como Euforia en las calles (El País), Egipto goza (Le Monde), La muchedumbre en El Cairo estalla de júbilo (NYTimes), Tarhir estalla de júbilo (El Mundo), Egipto se libra de Mubarack (La Vanguardia), Explota la alegría (La Reppublica), etc. Ahora alegría, júbilo, liberación; ayer, ira, furor, violencia. Todo empezó hace dieciocho días con el Día de la Ira. Son las emociones de una revolución. O la revolución de las emociones.

Hoy escuchaba en la radio al presidente de los castellano-manchegos en una emisora de radio. Hablaba de confianza en la madurez del electorado del país para distinguir casos y cosas, que él no es Zapatero. Me parece una petición muy exigente venida de alguien —un político, da igual de qué partido— que vive del corazón de quienes representa. Si el electorado hiciese un ejercicio de racionalidad ante las urnas… . La legitimidad del orden establecido en las sociedades actuales, y en la española concretamente, se sustenta en la legalidad vigente —asaltada y violada continuamente— y en los enemigos de dicho orden. La primera es tratada de forma irrespetuosa por las élites o cualquiera que posea un poco de poder, la segunda produce temor a quienes les toca obedecer. Vicenç Navarro decía ayer que un concepto como la lucha de clases había sido desplazado por otro como competitividad. Bien, es una forma de manipular las emociones de las personas como cualquier otra.

También hoy he tenido conocimiento de un estudio científico sobre las actitudes xenófobas de los estudiantes de secundaria en Sant Vicent del Raspeig. Los autores, dos profesores de la Universidad de Alicante, han extraído una conclusión del trabajo que me parece bastante interesante: los jóvenes tienen actitudes racistas sutiles, latentes, enmascaradas. Por un lado reconocen que los extranjeros merecen los mismos derechos que los nacidos en este país pero, por otro, no se bañarían con uno de ellos en la misma piscina. Un fenómeno parecido ocurre con el postmachismo, actitud en la que no se pone en entredicho la cuestión de la igualdad —legal y práctica— entre los sexos aunque sí los avances realizados en este terreno.

El sociólogo Norbert Elias escribió un tratado sobre el proceso civilizatorio. En él el estudioso explicaba la forma en que ciertas clases sociales reprimían determinadas conductas consideradas impropias de su grupo de iguales, reglas que aparecían reflejadas en una especie de manual de estilo. Este proceso de refinamiento en los modales fue posible gracias a la acción de emociones sociales, el temor a sentir vergüenza evitaba que los miembros del grupo se salieran del cliché. En la actualidad, las campañas institucionales sirven de libro de estilo —lo socialmente deseable, que dicen los sociólogos— para los modales de hoy en día, de tal forma que nos causa vergüenza reconocernos machistas o racistas ante los demás. El problema viene cuando la actitud irrespetuosa contra la legalidad se generaliza y una actitud latente se transforma en manifiesta, las instituciones pierden legitimidad y sólo el miedo mantiene la cohesión de una sociedad. Lo llaman crisis, que también puede producirse en un contexto económicamente deprimido.

(imagen tomada de http://zadlander.blogspot.com/2011/02/la-revolucion-egipcia.html)

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