La promesa de Dios a Noé

Ayer estuve viendo una película que ha recibido numerosos premios en distintos festivales del celuloide, La cinta blanca. Una historia alemana para niños. A pesar de su largo metraje me la tragué con curiosidad ya que la crítica advertía que el film es una hipótesis personal del director —Michael Haneke— sobre el origen del nazismo, de las semillas del violento movimiento social que germinaron años después y que retrata a una pequeña sociedad meses antes del estallido de la primera Gran Guerra, una pequeña aldea situada en el norte de Alemania atacada por la doble moral de una élite económica, espiritual e intelectual autoritaria, temible, cruel y a cuyos vástagos convierte en víctimas y verdugos. Cualquier aspecto de la convivencia es fetén para ocultar la realidad: la religión, las fiestas, la producción agrícola, la guerra…

Tomdispach.com ha publicado un extenso artículo de Noam Chomsky sobre el estado del mundo, me parce un excelente trabajo. El científico y activista dibuja un panorama en el que las élites se mueven sobre el damero del mundo según sus intereses y haciendo valer sus posiciones de poder, la democracia solamente es una operación de mercadotecnia institucional para hacer uso de la fuerza y agredir con total impunidad. USA, en nombre de la democracia, invade; la UE le acompaña en el sentimiento; y los invadidos —que tampoco son santos— se revuelven ante la mísera y elástica argumentación de los poderosos. Chomsky realiza una lista con nuevos ejemplos del haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga, en hechos como la financialización de la economía, la crisis económica o el cambio climático, todo oculto bajo la ideología del aparentemente halo racionalista del neoliberalismo o de la religión. Chomsky cuenta en el citado artículo que un miembro del Congreso estadounidense en asuntos de medio ambiente dijo del calentamiento global que éste es imposible ya que Dios prometió a Noé que no habría otro diluvio.

La lista de miserias que barremos y ocultamos bajo la alfombra crece. Nadie sabe, porque los medios de comunicación no lo cuentan, que algunas de las adquisiciones de acciones de empresas multinacionales se realizan en circunstancias ilegales y que en ocasiones son pasto para la aparición de grandes organizaciones del timo de la estampita, literal. Lo que es peor: el supuesto agraviado tiene la suficiente desvergüenza para pedir justicia ante los tribunales, la misma que le prohibe comprar participaciones gracias al tráfico de influencias. No es que el mundo sea peor ahora que hace cien, quinientos o dos mil años, el problema es que volvemos la cara a lo que no queremos ver, ya sea porque pensamos que son figuraciones nuestras, ya sea porque nos sentimos impotentes para solucionarlos.

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