Hueso con hueso

Ayer estuve en la sajeña Peña Rubia, en casa de la extraordinaria familia Moreno. Su finca, que ellos bautizaron hace cerca de cuarenta años como la Casa Corea, es un reducto de conocimiento crudo, básico, lleno de sentido común y sabiduría radical. Los adultos de mi generación necesitarían pasar una temporada en este paraje aprendiendo cómo se manejan las manecillas de la Naturaleza. También debería ser una asignatura en todos los cursos de Educación Primaria y Secundaria

La Finca Corea es un templo dedicado a la cereza. Ahora, en los meses previos al verano comienza la recogida de este fruto perteneciente a la familia de las rosáceas, variedad burlat, en la que participa la mayor parte de esta extensísima familia de amigos. El cultivo de plantas y árboles frutales es una alternativa a otras distracciones. El descanso no conlleva estar parado, simplemente se produce al cambiar de ritmo y el campo ofrece un tesoro en ese sentido: el reloj es el sol y no hay más patrón que las normas de la Naturaleza.

Mi pequeña, irracional y particular disputa con este esférico manjar de intenso color no fue óbice para probarlas recién arrancada de las ramas. Estaban riquísimas.

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