Las matemáticas, la tecnología y la cultura de la economía de la escasez

hombresymujeres

El inefable presidente de la confederación empresarial más importante de este país ha puesto en duda los datos de una encuesta que tiene categoría de sagrada para los principales actores sociales: políticos, empresarios y sindicalistas, sus discursos se levantan desde las alturas que marcan los caprichosos datos en forma de cifras.

No vamos a entrar en la intención de sus juicios pero sí me gustaría hacer hincapié en un proceso que no es nuevo pero cada vez más perceptible: la cuantificación de la vida cotidiana. En 1897 el sociólogo francés Émile Durkheim no sacaba nada en claro al usar datos individuales para estudiar el fenómeno del suicidio, supongo que porque éstos eran malos y no había muchos. Eso sí, los agrupó en función de algunas variables, la etnia, por ejemplo, y el panorama se esclareció bastante más.

Desde entonces, los expertos en el tema —científicos sociales, economistas incluidos— siempre han confiado en predecir comportamientos colectivos usando técnicas de análisis de datos que han experimentado en las últimas décadas un nivel de sofisticación muy elevado. Pero, pongamos como nos pongamos, un electrón sigue siendo algo que no admite muchas discusiones en cuanto a su naturaleza y características y definir a un individuo —a un ser humano me refiero— nos cuesta lo que no está en los escritos para ponernos todos de acuerdo. ¿Recuerdan a los Provida, por ejemplo?

Sí, la ideología forma parte de la mezcla con la que se construye el conocimiento. De dónde, entonces, íbamos a padecer los rigores de la fiebre de la austeridad de la que hablan pero no practican algunos de ellos.

La tecnología también tiene una influencia determinante en la obtención de más y mejores datos, colectivos e individuales. Leo recientemente que una empresa de seguros para automovilistas ha tenido un idea que funciona en EEUU desde hace algunos años: pagar el seguro del coche en función de cómo conducimos.

Los que compren este ‘producto’ van a ver su vehículo ocupado por sensores con el fin de determinar el riesgo de cada individuo de sufrir un accidente: medirán variables como el cumplimiento de las normas de circulación, los kilómetros realizados en un periodo de tiempo, el estilo de conducción o el horario de utilización del vehículo, entre otras. Un modelo matemático determinará un número que, a su vez, asignará un riesgo individual y, por consiguiente, un precio exclusivo para el cliente.

De esta forma, el individuo, por sus actos, adquiere la capacidad de predecir, en términos de probabilidad, su futuro ante un volante, en lugar del uso de variables que los agregan como el sexo, la profesión y la edad del conductor o conductora o la potencia del vehículo que se utiliza en la actualidad.

No sería descabellado, en la época de la economía de la escasez que vivimos, que los gobernantes en su objetivo de generar más ingresos inventen nuevas formas de responsabilizarnos de la gestión de los servicios públicos más allá del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” excesivamente generalistas para su (in)tranquilidad ya que confronta a políticos y gobernados.

Más libertad de acción y beneficio proporcionaría a los gobernantes enfrentar a sus propios súbditos. De hecho, a este gobierno ya se le ocurrió lo de publicar una lista con los malotes que defraudan al fisco, con el fin de que toda la ira de la masa se descargue sobre los apestados en la que probablemente no estén todos los que son pero sí todos los que deben estar. Y ya puestos, por qué no crear otra con los que no pagan el alquiler.

O usar la táctica de la distracción en la que todos andemos más preocupados mirando nuestro iPhone por si no hemos quemado las calorías suficientes ese día con el fin de evitar riesgos coronarios que podría obligarnos a pagar una tasa extra por un hipotético uso indebido de la cama de un hospital público gestionado privadamente.

En un contexto de precariedad, sumidos en una cultura de la economía de la escasez, legitimar este tipo de acciones es más probable de lo que nos imaginamos. La humanidad sigue la senda de la racionalidad individualista que no es, ni por asomo, razonablemente humana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s