Gobernar 2.0, ¿escuchar y no mandar?

La-Escucha-Activa-y-La-Conciencia-Plena-ComunicativaLos tiempos están cambiando y lo están cambiando todo. Leo en una entrada de Enrique Dans, popular divulgador de asuntos de tecnología en medios de comunicación social, que la todopoderosa Microsoft ha tenido que dar marcha atrás en las limitaciones que imponía a los potenciales clientes de su nueva videoconsola. Unas restricciones que tenían como objetivo salvaguardar los intereses de las empresas que venden videojuegos.

Dans plantea el hecho como un ejemplo de buen ejercicio de la bidereccionalidad que no es otra cosa que el proceso por el cual un determinado número de actores (agentes, individuos, países, grupos, colectivos, etc) se influyen mutuamente en un contexto de distribución, más o menos equitativa, del poder. El divulgador expone en su entrada que la  queja de los jugones oponiéndose a las restricciones anunciadas por la multinacional ha servido para que los mandarines echen el freno y se retracten de lo dicho. Bien es cierto que la competencia se encargó de recordar que nunca se les ocurriría hacer nada parecido.

Los expertos en lo social lo llaman reflexibidad y un sabio como el profesor Jesús Ibáñez advirtió que ésta no siempre se daba en situaciones de distribución equitativa del poder: en pocas palabras, las élites inyectan al resto su porquería (propaganda, publicidad, estereotipos, prejuicios, noticias tendenciosas, revisiones, etc) y les devolvemos producto (votos, capital, información y confirmación).

Una estructura de comunicación unidireccional favorece este tipo de operaciones y tiene como máximos exponentes a los medios de comunicación tradicionales, la práctica demoscópica (encuestas y censos), participar en un sindicato o partido político, la fabricación de un coche o el pago de tributos, entre otros muchos ejemplos. Se trata de una estructura vertical en la que objetar y protestar queda fuera de los canales masivos de difusión de información y sólo penetran en ellos, con las debidas modificaciones, cuando interesa a los que están en la cúspide de la pirámide.

Trasladando el caso del que habla Dans más arriba al terreno de la política me vale el caso de Brasil. El descontento por la subida de las tarifas del transporte público, y también por la mejora en la calidad de los servicios públicos, ha originado una serie de protestas entre la ciudadanía que ha obligado a Rousseff a dar marcha atrás en sus intenciones y prometer ‘algo’, que ya veremos si cumplirá en alguna medida las expectativas de la población reivindicadora.

Es difícil valorar los resultados del movimiento de indignación que existe en España. Es cierto que el gobierno ha tenido que poner en práctica ciertas medidas en ámbitos directamente relacionados con los contenidos de las protestas de la ciudadanía española aunque no llegan ni a acuerdo de mínimos como en el caso del movimiento contra los desahucios sobre el que pesan los estereotipos de siempre y que se aplican sistemáticamente a las moscas cojoneras.

Sí se vislumbra en la actualidad varios impulsos en el mundo que de mantenerse en los próximos años pueden convertirse en tendencia. El primero de ellos es la facilidad con la que ciudadanos agraviados por circunstancias determinadas se organizan en grupos para hacerse visible y dan relevancia a sus causas. El segundo, es que los grupos agraviantes toman en consideración sus peticiones, por lo menos eso parece. Las nuevas estructuras comunicativas lo propician gracias a las tecnologías de la información, principalmente plataformas de internet gratuitas y supercomputadoras que nos caben en el bolsillo y que podemos comprar casi cualquiera.

Otro impulso queda perfectamente resumido en el caso Prisma, el del espionaje a través de internet al que nos somete el bueno de Obama. El presidente del que era el país más importante del mundo ha justificado el abuso de poder diciendo que fisgonea por nuestro bien para protegernos de los malos, un argumento desgastado, trasnochado y previsible. Eso sí, le faltó añadir que también lo hace para obtener información de todo lo que se menea en su mundo y saber quién o qué le puede mover la silla sin que apenas lo vea venir, tal y como le ha pasado a la discípula del venerado Lula Da Silva.

Las nuevas tecnologías de la información plantean nuevos retos para los gobernantes y oportunidades para los gobernados. Las encuestas ya no sirven y dejan paso a la constelación big data. Google y Facebook lo saben y Obama también. Montar una red social en internet, por modesta que sea, es fabricar tu propia mina. Una conocida mía que trabaja como community manager administrando una cibercomunidad de aficionados a un deporte, me reconocía que el objetivo de su jefe era venderla al mejor postor pasado unos años. Una red social es información pura y dura, es oro para políticos y productores de bienes y servicios.

El futuro se plantea incierto y cada vez va a ser más difícil hacer previsiones a un plazo de tiempo razonablemente largo. Las peticiones de la ciudadanía cada vez serán más visibles y masivas —online y offline— sin estar marcadas por ningún color político específico. Las élites tendrán que hacer como que escuchan y obedecen mientras encuentra la forma de volver a inyectar de forma efectiva la porquería de la que antes hablaba. Y lo harán, que no nos quepa la menor duda.

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4 pensamientos en “Gobernar 2.0, ¿escuchar y no mandar?

  1. Interesante reflexión sobre redes sociales y poder, Liberto. Yo tengo una teoría paralela (no sé si es que me vuelto muy “conspiranoico”), pero volviendo al tema de Xbox One, a mí me da la sensación de que Microsoft lo tenía todo previsto y, en el fondo, lo que hizo fue lanzar un “globo sonda” para ver cómo reaccionaba su público. Me lleva a pensar en que creemos que tenemos cierto poder sobre las multinacionales gracias a las redes sociales, pero en realidad somos un instrumento más al servicio de sus estudios de mercado. Esto también podría extrapolarse al resto de ejemplos que comentas. Es cierto que las relaciones de poder se están equilibrando cada vez más, pero en el fondo, tampoco las cosas han cambiado tanto.

    • Es cierto que todos nos hemos vuelto un poco conspiranoicos producto del machaque que sufrimos desde la televisión. Dejando al margen esa ‘realidad’, estoy de acuerdo contigo en que las empresas y las organizaciones políticas nos prueban, tienen los medios para medir reacciones, emociones y afirmaciones ante un estímulo. Dicho esto, si no nos quejáramos nos las estarían metiendo doblada continuamente. Algunas empresas, al menos, se producen gestos que indican que son sensibles a las opiniones de sus clientes. En el mundo de la política no veo ni eso, ya podemos protestar que del ‘no hay más remedio’ no los sacas. De todas formas, está por ver quién es el primero de los políticos que rompe con las formas y estilos autoritarios parapetados detrás de los millones de votos que dicen recibir y se dedica a escuchar de verdad a quienes le ponen en la poltrona. Soy optimista al respecto. Estamos en la prehistoria de una nueva forma del disfrute y la manifestación de la sociabilidad apoyada en las nuevas tecnologías. Veremos como se desarrolla todo.

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