Participar, influir y la mercantilización de la vida

media markt

Empiezo con una pregunta: ¿participar es influir en la esfera política? Veamos pues. Leo en un artículo que los consumidores hacemos política al adquirir bienes y servicios, de tal forma que ciertos grupos de compradores actuando de forma conjunta conformarían una consumocracia. Como ejemplo de este fenómeno habla de actividades tales como el boycott y el buycott.

El primero, el boycott (o boicot), es ampliamente conocido: dejamos de comprar algo porque ese bien es producido por una empresa que contraviene algún valor social que defiende el consumidor que realiza dicha práctica. O, para que nos entendamos todos, que dicha mercantil resida en un territorio cuya élite política ha hecho enfadar a otra con la que mantiene un conflicto, como en el caso del boicot a los productos catalanes.

El buycott es, precisamente, lo contrario. Compramos un bien o servicio porque defiende o promueve un valor que nos resulta interesante y que compartimos con el productor ya sea porque nos lo cuentan en un mensaje publicitario o llega al consumidor a través de alquien que le influye. Un buen ejemplo lo constituye la actividad conocida como comercio justo, que, a pesar de la crisis, goza de muy buena salud.

Algunas empresas prefieren no enfadar a sus clientes, o potenciales clientes, para no arriesgarse a sufrir un boycott o tirar a la basura los miles de millones que cuesta crear una imagen positiva de marca. Para ello evitan que se les asocie con conductas socialmente reprobables como, por ejemplo, que un jugador de fútbol le dé un mordisco a otro, o que un programa de televisión entreviste a cambio de dinero al familiar de un imputado en caso de asesinato.

Participar en política es una acción expresiva o instrumental que tiene como objetivo la definición colectiva del bien común. Influir es el producto de la relación de poder que ejerce una parte sobre otra. Participar e influir son conceptos complementarios y no significan lo mismo. Para definir el bien común es necesaria la influencia pero actuar a través del mercado para cambiar las cosas en política no parece el camino más efectivo para el común de los mortales.

Sin embargo los mercados tienen la capacidad de influir sobre los gobiernos y lo hacen de forma habitual. En España, por ejemplo, tenemos la reforma constitucional para hacer constar en la Carta Magna el principio de estabilidad presupuestaria. También tenemos constancia de una situación análoga en lo que el colectivo de los técnicos de Hacienda no ha dudado en calificar como un regalo de los contribuyentes a los bancos de 6.000 millones de euros por mor de la reciente reforma fiscal.

No obstante, el estado sí que utiliza su capacidad para influir para que los contribuyentes hagan política al más puro estilo consumerista. En el siguiente spot publicitario la Agencia Tributaria apela al poder de los consumidores para salvar el depauperado e incompleto estado de bienestar que todavía le queda a españoles y españolas.

Y todavía no nos hemos puesto serios de verdad. En Australia y Nueva Zelanda limitan a los señores y señoras con problemas de sobrepeso, siempre y cuando sean extranjeros, la estancia en dichos territorios. En este caso, consumir demasiada comida puede minar la economía del estado, según dicen en el video que está aquí abajo.

Dicen que la desigualdad —medida en términos del índice de Gini— en este país se ha incrementado en los últimos años. ¿Soluciones? la educación que, por cierto, puede convertirse en un nuevo nicho de consumo si el actual gobierno finalmente acuerda acabar con la financiación de los estudios universitarios con becas para abrir la participación bancaria en estos menesteres a través de la vía crediticia.

Sanidad, pensiones, educación …, de ciudadanos con derechos a consumidores con capacidad de influir como eufemismo de la participación política. Como diría el del anuncio: yo no soy tonto. Ya les vale.

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Participación con la mirada puesta en las elecciones europeas

mapa_puntuacion_participacion_ue_2012

Cuando hablamos de participación en política existen diferentes formas de entenderla. Para muchos ésta se limita a depositar el voto en una urna. Para unos pocos se trata de un concepto más amplio que conlleva desde implicarse en las actividades de una asociación de vecinos hasta participar en procesos deliberativos para la toma de decisiones sobre asuntos que atañen a una comunidad. Los expertos dicen que la participación política es la acción colectiva, expresiva o instrumental, orientada a la definición del bien común.

En el mapa de la Unión Europea con el que comienzo esta entrada he organizado a los distintos países por colores. A cada uno le corresponde un intérvalo de puntuaciones en el factor participación política según las mediciones del Economist Intelligent Unit (EIU). Los más participativos están localizados en color verde y los menos están señalados en rojo. En medio, los tonos amarillos y anaranjados.

Implicación, intensidad e influencia son tres aspectos que definen la participación en política. Cualquier tipo de acción en este sentido puede ser valorada desde estos tres ejes de análisis. Por ejemplo, tomar parte en una manifestación tienen un grado de implicación e intensidad mayor que votar en unas elecciones aunque, posiblemente, cuente con menor capacidad de influir en la elección de un candidato que depositar el voto en una urna.

En la investigación sobre la democracia, la participación es un factor importante para definir índices cuantitativos que representen la experiencia democrática en un estado. Este es el caso del Índice de Democracia (DEM) del que ya hablé recientemente. Para sus creadores, el EIU, la participación es un factor formado por ocho indicadores, a saber:

  • La participación en elecciones políticas
  • La representación de minorias poblacionales en los procesos políticos
  • La proporción de mujeres en el Parlamento
  • La militancia de la población en partidos políticos y ONG
  • El interés de la población en política
  • El seguimiento de las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre política
  • La participación de la población en manifestaciones legales
  • La promoción por parte del poder político de la participación política entre la población
  • La tasa de alfabetización

Teniendo estos indicadores en cuenta, el factor denominado participación forma parte de un grupo de cinco que determinan el mencionado DEM. La pregunta que nos haríamos a continuación sería la siguiente: qué significa la participación en el marco de la Unión Europea (UE), qué valores alcanza en realación al resto de factores y qué comportamiento ha tenido en el periodo que dura el estudio (2006-2012). Eso si tomamos una perspectiva global para el conjunto de la UE aunque también es intersante conocer sus particularidades tomando como unidad de análisis la variable país.

Echando un vistazo general a los datos, podemos decir que la participación es la hermana pobre dentro del conjunto de factores analizados. Tanto en el año 2006 como en 2012, el factor participación es el que menores valores alcanza. La media para el conjunto de los 27 estados que forman la UE es de 64,6 puntos en 2012 y de 68,2 en 2006. Además, como muestran las cifras, se ha producido un retroceso en los registros referidos a la participación.
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Si comparamos el DEM con el valor medio que alcanza la participación en el año 2006, vemos que este factor se encuentra a una distancia (aritmética) de 13,41 puntos. En el año 2012 esa diferencia es mayor: 14,71 puntos. Es cierto que este indicador es sensible al deterioro generalizado de todos los factores y castiga a los países que han demostrado una mejoría en este factor o han conseguido no empeorarlos. En el primer grupo encontramos a países como Eslovenia (+5,5), Italia (+5,6), Portugal (+5,6) y Reino Unido (+11,1).

Los estados que consiguen no empeorar la situación con respecto a 2006 son España, Austria, Dinamarca, Estonia, Francia, Grecia y Polonia. El resto de países pierden puntos siendo el caso más llamativo el de Rumanía que en 2012 ve mermado este factor en 16,7 puntos. Suecia, que en 2006 marcaba 100 puntos en este apartado, vio reducidó el índice de participación en 5,6 puntos en las mediciones de 2012.

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En el siguiente gráfico podemos ver en colores y tamaños de las superficies de la retícula el panorama en el año 2012 de la participación política en la UE, según los datos de la tabla arriba expuesta. Pasando el ratón por encima de las casillas el gráfico informa sobre el país y el índice del factor participación elaborado por la UIE.
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Sheet 3

 

Las causas de esta situación son múltiples. La crisis económica ha afectado a indicadores que necesitan importantes inversiones por parte de los gobiernos, ahora más pendientes de paliar los efectos de la desigualdad económica a través de parches y de jalear la mejoría cuantitativa de algunas magnitudes económicas que de promover aspectos como la integración, el empoderamiento de la ciudadanía o los procesos de democracia participativa.

Existe interrelación entre los factores que componen el DEM. Los procesos electorales, las libertades civiles, la cultura política y el funcionamiento del gobierno influyen sobre la participación. Parece evidente que un empeoramiento en el funcionamiento del gobierno puede llevar al desencanto y a la desmotivación y, por tanto, a la abstención en unos comicios. Un recorte de las libertades civiles hace más difícil participar en manifestaciones como también lo es hacer de éstas un hecho excepcional o que el gobierno de turno las considere abiertamente molestas.

Finalmente, puede ser interesante revisar la composición de este índice desde la perspectiva de la participación. En esta entrada avancé que Jesús de Miguel y Santiago Martínez-Dordella exponen en un artículo la idoneidad de realizar dicha tarea. Los expertos proponen un sistema de ponderaciones que otorguen diferente peso a los factores en juego y que represente con mayor exactitud la realidad.

Es posible que este esfuerzo no sea suficiente. El índice define un modelo democrático muy concreto, el liberal-representantivo, y deja fuera de la medición indicadores que, en el caso de la participación, puede resultar interesantes y generar otra visión de la democracia. Este tema será objeto de otra entrega.

La Union Europea y sus democracias

c-8_curs_drets_socials-cartell-esQue la Unión Europea es un supraorganismo todavía por definir y que está compuesto por una pasta heterogenea y resistente a la homegeneidad es algo que sabemos bien. Un buen ejemplo lo tenemos cuando en los medios de comunicación y los políticos hablan de las ‘Europas’ de dos, de tres, y de hasta de cuatro velocidades cuando se habla de economía. Todos somos europeos pero algunos más que otros.

¿Y en lo democrático? Pues más de lo mismo aunque no se haga tanto hincapié en los medios de comuncación como en el caso de la economía. De la misma manera que se puede hacer un ranking ordenando países de mayor a menor PIB, tasas de desempleo o la prima de riesgo, también se puede establecer una clasificación según las características de su sistema político, en el que la democracia sería el ideal a seguir y el estado autoritario y totalitario el modelo del que alejarse.

Partamos de la base que poner un número a nuestra experiencia democrática es discutible aunque, al menos, sirve para hacernos una idea de cómo están las cosas si realizamos un acto de fe y creemos que todo en esta vida es medible. Y lo mejor: podemos compararnos unos con otros —el primer paso para conocer, dicen— pero también para jerarquizar en torno a un ideal, ideológico, de lo que es una buena democracia.

Esto es lo que han hecho los investigadores británicos del Economist Intelligence Unit (EIU). Han elaborado un índice de democracia (DEM) sobre la base de sesenta indicadores agrupados en cinco factores, a saber: (1) proceso electoral; (2) funcionamiento del gobierno; (3) participación política; (4) cultura política democrática; y (5) libertades civiles.

La escala que sirve para situar a cada país en una escala numérica varía desde el valor 0 al 100, de tal forma que los países se clasifican en democracias completas (80-100); democracias en transición (60-79); regímenes mixtos (40-59); y regímenes autoritarios y totalitarios (0-39).

La crisis económica ha deteriorado la democracia, es un hecho constatable tomando como base esta investigación. Los 167 países arrojaron como índice medio en el año 2006, momento en el que nació el DEM, 55,2 puntos. En 2011 éste se vio reducido hasta los 54,9. No parece un gran retroceso pero ahí está el dato, sobre todo, porque la crisis sigue enquistada en buena parte del planeta.

Los sociólogos Jesús de Miguel y Santiago Martínez-Dordella recuerdan que durante los años 30 del siglo pasado, en el transcurso de la Gran Depresión, se pasó de 21 democracias en el mundo a 9. La crisis actual, o la Gran Recesión, no está teniendo el mismo efecto devastador pero si que existen muestras empíricas de que calidad democrática sí se está perdiendo.

Los datos referentes a los países de la Unión Europea arrojan, lógicamente, otras cifras. El índice promedio en 2011 es de 79,1 puntos y de 79,4 al año siguiente. Son cifras considerablemente más altas que las consideradas a escala planetaria pero inferiores a las alcanzadas en el año 2006 cuando las puntuaciones medias de los países de la UE estaban situadas en 81,67 puntos.

Según los datos aportados por la EIU y referidos al año 2012, la realidad democrática de la UE se puede entender de una manera sencilla estableciendo cuatro tramos distintos.

  • En el primero estarían situados los países que cuentan con una puntuación entre 90 y 100. Aquí tenemos a Suecia (97,3), Dinamarca (95,2), Finlandia (90,6) y Países Bajos (89,9).
  • En el segundo tramo (80-89 puntos), se encuentran Luxemburgo (88,8), Austria (86,2), Irlanda (85,2), Alemania (83,4), Malta (82,8), Reino Unido (82,1), República Checa (81,9), Bélgica (80,5) y España (80,2).
  • El tercer tramo agruparía a los países con puntuaciones medias entre 70 y 79. Aquí se ubican Portugal (79,2), Francia (78,8), Italia (77,4), Grecia (76,5), Estonia (76,1), Eslovaquia (73,5), Chipre (72,9), Lituania (72,4), Polonia (71,2) y Letonia (70,5).
  • Finalmente, en el furgón de cola, los países con una puntuación entre 60 y 69. Aquí se hallan Hungría (69,6), Croacia (69,3), Bulgaria (67,2) y Rumanía (65,4).

Los dos primdemocracy_indexeros grupos formarían parte de las denominadas democracias completas y estaría compuesto por países con una tradición del bienestar muy definida. Los países del grupo cabecero corresponderían al modelo nórdico del Estado de Bienestar y los del segundo a los denominados continental y liberal. España, dentro del modelo de bienestar mediterráneo forma la avanzadilla del modelo también conocido como solidario.

El tercer grupo estaría formado por países que responden al modelo de bienestar mediterráneo más una Francia que no llega a la altura de otras democracias en cuestiones tales como el funcionamiento del gobierno (71,4 puntos), la participación en la política de la ciudadanía (66,7) o la cultura política (75,0) si lo comparamos con un país como Alemania que en los mismos factores puntua 82,1 – 66,7 – 81,3 respectivamente.

Destacar que en el año 2006, estos países formaban parte del grupo de democracias plenas y que, posiblemente por efecto de la crisis hayan visto perder calidad democrática en mayor medida que países como España. Completan este grupo las tres repúblicas bálticas.

El cuarto grupo está copado por países del Este, con democracias claramente en transición y a las que la coyuntura no les está haciendo ningún favor para mejorar sus indicadores.

Si bien, como hemos dicho antes, la democracia está tocada pero no parece peligrar, al menos en la Unión Europea, la tendencia es que ésta está deteriorandose de forma progresiva aunque la sensación no sea esa precisamente. Los datos del informe de la EIU apenas reflejan una variación negativa en el factor procesos electorales y pluralidad, prácticamente votamos todos los años para algo y el sufragio es universal, pero no se puede decir lo mismo en el factor libertades civiles. Pero esto será tema para otra entrada.

 

Las nuevas tecnologías y la democracia participativa

ilustracion1 tecnologias participacionLa implantación de las nuevas tecnologías en procesos de decisión y deliberación política promete largos y acalorados debates. En cualquier foro sobre la cuestión encontraremos posiciones favorables y contrarias al uso de la misma. Uno de esos espacios para la reflexión y la discusión será la Jornada Participación 2.0 – Democracia participativa desde la ciudadanía. Nuevos desafíos, herramientas y tecnologías, que organiza el colectivo PreparacCión el próximo sábado 29 de marzo en Alcoi, Alicante.

La tecnología es una creación de la mente humana que tiene como fin adaptar el entorno —natural y social— a las necesidades de las personas. ¿De todas? Eso es es bastante discutible desde una perspectiva histórica. El profesor del IE Business School, Enrique Dans, hablando sobre el papel de las denominadas nuevas tecnologías en la sociedad, dijo en una entrevista a propósito de internet que éste medio “es como la utopía marxista: una de las bases de la revolución es que los medios de producción estén en manos del pueblo, y esto es lo que ha ocurrido” (con las nuevas tecnologías).

También es experta en analizar los resultados y posibilidades de la aplicación de las nuevas tecnologías la psicóloga social Dolors Reig que dentro del baile de acrónimos que forman este nuevo escenario tecnológico realiza su propuesta en el terreno de la participación ciudadana. Según Reig, tenemos las TICs (tecnologías de la información y la comunicación), las TACs (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) y, sugerido por ella, las TEP, las tecnologías para el empoderamiento y la participación.

ilustracion2 tecnologias participacionReig dice, citando al profesor de Ciencias Políticas de la European University Institute, Alexander Trechsel, que las TEP deben aumentar la transparencia de los procesos políticos; lograr una mayor implicación de la ciudadanía en la vida social o conseguir que la formación de la opinión pública sea más plural e independiente de los poderes establecidos y que sirva de base para abrir nuevos espacios de información y deliberación.

En la Jornada Participación 2.0 que organiza PreparacCión (los interesados en asisitir pueden inscribirse aquí gratuítamente), la reflexión girará entorno a los aspectos anteriormente mencionados. El sociólogo Francisco Francés y especialista en procesos de participación ciudadana, pondrá de relevancia en este encuentro la necesidad de trascender la liturgia del proceso democrático actual, con una democracia representativa que condena al ciudadano a elegir entre adoptar una actitud pasiva como votante o formar parte del propio poder con todas sus consecuencias. ¿Qué hay en medio? Una cada vez más limitada capacidad de movilización por las leyes escritas por quienes tienen el poder.

Las nuevas tecnologías, aprovechando su naturaleza y que son accesibles para la mayor parte de la población, como apunta Dans en sus escritos, ya están dando sus primeros pasos en el terreno de los procesos de decisión y participación. Eduardo Robles (@edulix) de Agora Voting, y Andrea Bontempi, de Appgree, hablarán de cómo la tecnología puede facilitar la inclusión de la población en estos procesos, técnicamente complejos, que derriban barreras, a la vez que abren nuevos interrogantes que ponen en discusión conceptos como la privacidad, la libertad, la autonomía, la autoridad o la confiabilidad.

La tecnología puede hacer posible tratar materialmente cuestiones que en otros tiempos no podían pasar de discusiones intelectuales en ciertos espacios de la sociedad. Un problema como la privacidad ya no es algo abstracto; ya podemos tocar con las manos lo que entendemos por libertad; yo puedo elegir a quién quiero que detente una autoridad delegada y revocar, con todo mi derecho y sin esperar cuatro años, esta atribución. Pero eso no será deseable sin una participación real, directa, activa, sin que los flujos de información vayan de un lado a otro sin ser ‘tratados’ por el poder. Y eso, cada vez, está más cerca.

slide jornadas definitivo

Sobre la democracia participativa

slide jornadas definitivo

La democracia representativa, fiel a las directrices de un sistema de idas liberal, se muestra ya insuficiente. ¿Es la democracia participativa su alternativa más deseable? A saber. Lo que esta claro es que si una democracia sitúa el gobierno de una sociedad en la ciudadanía, ésta sería la que debería poder. Pero no es todo tan fácil.

Precisamente, en una emisora de radio que hace prensa del siglo pasado hablaban hace unas semanas de la democracia participativa. El problema que planteaban los contertulios en relación a la misma es que ésta requeriría de los electores que previamente se reuniesen para hablar de los problemas que les aquejan. La tildaban de democracia asamblearía, en plan insulto.

La democracia directa puede ser técnicamente compleja. Pero también es cierto que las personas somos más capaces que hace cien años y las herramientas a nuestra disposición para hacerla efectiva son mejores, mayores en número y más accesibles. La pretensión es que los procesos cambién y que la información de la que se nutren las conversaciones que propician la participación de la ciudadanía en lo público deje de circular en un único sentido, vertical, de arriba a abajo, y  otro de tipo horizontal y bidireccional.

El colectivo PreparacCión está organizando en Alcoi unas jornadas en las que propone un espacio para el debate y un elemento más que interviene en el proceso democrático.  Se hablará de democracia participativa y de herramientas, de nuevas tecnologías y de cómo su uso puede hacer menos complejo el proceso. En definitiva, hablar, conversar y reflexionar sobre algo que importa más de lo que parece a tenor de las encuestas que describen la desafección entre políticos y ciudadanía.

¿Qué podrían decir los contertulios a los que me he referido anteriormente sobre este tipo de acciones? Que es tiempo perdido, supongo. El sábado 29 de marzo lo veremos. Estais todos invitados.

 

¿Un nivel alto de bienestar requiere de una sociedad que valore el igualitarismo?

Parece evidente que valores como la igualdad y el nivel de bienestar de una sociedad tienen mucho que ver pero ¿todos tenemos claro el signo de dicha relación? Es decir, ¿una sociedad con un estado social avanzado se construye desde la base de una población que hace del igualatarismo su valor bandera?

Una investigación basada en la quinta oleada de la Encuesta Social Europea (ESS) sobre actitudes y valores de la población, presentaba unas conclusiones bastante curiosas, a juzgar por los comentarios de los propios autores del estudio. Debajo podemos ver un mapa que representa el significado que tiene el valor igualitarismo para las distintas sociedades europeas que ha sido tomado de dicho artículo:

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Estados del bienestar hay unos cuantos, tantos como países, aunque se les puede agrupar en diferentes modelos en función de la eficiencia —capacidad para mantener altas tasas de empleo—, y el grado de distribución de la riqueza que genera la sociedad. Si nos fijamos en los países nórdicos, veríamos que éstos obtienen resultados óptimos en ambos apartados, sin embargo, el igualitarismo no sería el valor más importante en su escala colectiva.modelos_de_bienestar_en_europaLos países con valores menos igualitarios serían, según la ESS, los países nórdicos, Alemania, el Reino Unido e Irlanda. Los dos últimos se ajustan al estereotipo pero los primeros, se alejan bastante. Por el contrario, en los países mediterráneos la sed de igualdad está más presente. ¿Se podría plantear como hipótesis que allí donde la equidad es real es menos valorada y viceversa? Puede ser pero también es posible que esta información la utilicen los partidos políticos para elaborar los discursos con los que tratarán de llevarnos al huerto. Echemos un vistazo a estos datos:

ingresos_estado_union_europeaLa lógica dice que cuanto más inversión se realice en bienestar, menor será el nivel de probreza de una sociedad. Según los datos anteriormente reseñados el sistema fiscal español tiene un problema de diseño, por más que se le quiera echar la culpa de todos los males a la economía sumergida (Italia también la padece de forma análoga a España y recauda mucho más, arriba se pueden ver los datos comparados de ingresos). Vamos, que se recauda poco y mal. No parece, por tanto, que bajar los impuestos sea la mejor idea en estos momentos como prometen algunos, so pena de seguir atizándole al maltrecho y paupérrimo estado de bienestar que nos queda. Es posible que la eficiencia en la gestión de la administración del estado suponga una dimensión de la justicia redistributiva que haya que sacar a relucir.

De momento, se considera ineficiente, dentro del discurso político preponderante en España, todo lo que tenga que ver con la gestión de lo público en oposición a la privada. Desde luego podría ser así la administración tributaria producto de un mal diseño político del impuesto pero, en cambio, el sistema sanitario español es considerado uno de los mejores del mundo, según Bloomberg. Dentro de este ambiente nacen falacias (como que sobran funcionarios o que los impuestos que pagamos son muy altos) que desvían la atención sobre los problemas realmente capitales de la sociedad española.

Pensemos, por un momento, en la economia de la mayoría de las familias españolas. Su renta disponible se ha visto reducida por un recorte de sus sueldos. ¿La mejor forma incrementarlo es bajando impuestos? Algunos expertos piensan que sí. Pero no es menos cierto que la población sufre limitaciones más severas como pagar durante 30 o 40 años (volver al nivel de bienestar anterior a la crisis dicen que nos costará 20 años) por una casa cuyo precio fue engordado con esteroides producto de la burbuja inmobiliaria. Una quita del 38,5% en las cuotas de las 1.238.890 hipotecas que se firmaron en 2007 (porcentaje que supone la caída acumulada del precio de la vivienda desde dicho año) daría mejores resultados que las puesta en práctica de ciertas promesas electoralistas que vamos a sufrir de aquí al año 2015. Eso sin hablar de los cárteles energéticos, de la electricidad y del petróleo, que también le dan otro hermoso bocado a la renta de las familias.

Desde luego, al poder político le es más fácil explicar en España, y justificarlo, una bajada de impuestos recubierta con el papel de celofán del igualitarismo que obligar a bancos, farmacéuticas, eléctricas y petroleras a reducirles sus pingües beneficios, ya sea por vía fiscal, ya sea por el menoscabo de sus prácticas abusivas.

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La desigualdad en la salud: el imperio Big Pharma

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Parece que la desigualdad económica es tema de actualidad en los medios de comunicación. Prima hermana de la anterior es el desigual acceso a los medicamentos por parte de la población en el mundo. Buena parte de culpa la tiene el modelo en el que se genera y produce el fármaco: investigaciones poco transparentes, normas proteccionistas, trámites burocráticos excesivamente largos para aprobar la comercialización de las medicinas, una industria poderosa sin escrúpulos para utilizar las malas artes, todo ello conforma un monopolio inexpugnable en el que la gran industria farmaceutica, o Big Pharma, decide qué se investiga y para quién. Pero, ¿el enfermo tiene remedio?

En el Foro Económico Mundial, que recientemente ha celebrado su asamblea anual en la localidad suiza de Davos, ha vuelto a surgir el tema de la desigualdad económica entre grupos poblacionales. La conclusión: que los viejos postulados liberales son la vía adecuada para salir de la crisis, según afirma el economista jefe de la consultora IHS,  presente en Davos, Nariman Behravesh:

“No es una contradicción apostar por la liberalización de los mercados de trabajo y denunciar la creciente desigualdad de renta. A corto plazo, quizás sea doloroso, pero a largo plazo generará más crecimiento”

La desigualdad, la salud y el cambio climático fueron los temas protagonistas en dicha reunión que ha sido reconocida por sus participantes con el eslogan “rediseñando el mundo: consecuencias para la política, la sociedad y las empresas”. Entre los participantes hay que destacar la presencia de la élite política y económica del planeta, con intervenciones mediáticas de los países emergentes, siendo una de las más reseñables la que realizó la presidenta brasileña Dilma Roussef quien pidió encarecidamente a los inversores extranjeros que sigan confiando en el país carioca ante el estancamiento de la, hasta hace poco tiempo, emergente economía.

El mismo Behravesh echaba en cara a Roussef que el exceso regulatorio y los impuestos han hecho que “el coste de hacer negocios en Brasil sea muy alto”, dijo. Otra economía de las consideradas emergentes, India, también ha recibido últimamente la reprimenda de la élite económica, en este caso del consejero delegado de una multinacional farmacéutica que no tuvo ningún reparo en admitir su ‘frustración’ ante la sistemática negativa del gobierno indú de saltarse la patente de un medicamento para combatir un tipo de cáncer:

“No creamos este medicamento para los indios, sino para los occidentales que pueden pagarlo”

Así está la cosa. Cinismo, desfachatez y sangre fría para hablar de medicamentos que sirven para tratar enfermedades como el cáncer, el SIDA o la hepatitis. Como si habláramos de una lata de caviar. El desprecio por las personas que sufren la pobreza no puede ser más explícito. Es el imperio del Big Pharma.

Pero no todo el monte es orégano. Existen diferencias dentro de un sector con estrategias diferentes para ganar el dinero a expuertas: unas, las más poderosas, invierten en I+D y se dedican a registrar patentes, y el resto se lucra a base de copiar las moléculas —principios activos— que ya no están protegidas legalmente y que, curiosamente, cada vez son menos. ¿Por qué? Porque solo interesa investigar lo que es rentable.

esfuerzo_innovador_industria_farmaceutica

Como se puede imaginar el lector patentistas y emuladores son uno competencia del otro. El más poderoso tiene sus mañas para hacer valer sus intereses y ataca con un despliegue de acciones para evitar o retrasar la llegada al mercado de medicamentos genéricos. Las estrategias que utilizan las propietarias de patentes para ello son variadas siendo las más utilizadas las marañas de patentes, la perpetuación de las mismas a través de mecanismos legales, el hostigamiento jurídico, influir en la administración a través de la manipulación de los precios o el reembolso de medicamentos, además de la publicidad desleal.

estrategias_obstaculizacion_big_pharma2

La práctica de la medicina y el arte de aliviar el sufrimiento de los seres humanos no es comparable a la fabricación de una bombilla ni al de la prestación de servicios como el de una cafetería. No parece de recibo que medicamentos que pueden dispensarse a personas enfermas en tratamientos que cuestan cincuenta euros al año tangan que ser comprados por dos mil a las propietarias de las patentes. Como se vio en el caso Gleevec (medicamento contra un tipo de cáncer comercializado por una multinacional suiza), aunque la reducción en el precio de este medicamento sea sustancial —de 27.000 dólares a 2.700— su adquisición es inviable para los pobres de solemnidad. Algunas farmaceuticas lavan su imagen dedicándose a la caridad pero no es suficiente. El siguiente documental, Fuego en la sangre, es un magnífico ejemplo de toda esta controversia.

Sudáfrica se ha propuesto seguir la vía india para combatir el problema del acceso a medicamentos para tratar el SIDA, una enfermedad que sufre la población de este país de forma severa. La respuesta de la industria farmaceutica, en forma del lobby IPASA, no se hizo esperar gestando un plan de acción contra la intención del estado sudafricano, que con buen criterio se agarró  a la Declaración de Doha (avalada por la Organización Mundial del Comercio) para promover el acceso de los medicamentos entre los enfermos sin recursos. El informe filtrado por la prensa del país.

La Health Action International (HAI) Europe crítica en un documento que elaboró en el año 2012 (y traducido por la Fundación Salud por Derecho) que la industria farmaceutica persigue unos objetivos distintos de los de aliviar o erradicar el sufrimiento humano:

“Existen sólidas evidencias de que la investigación, el desarrollo y la producción de nuevos medicamentos no suelen estar orientados por las exigencias de salud pública, sino por las demandas del mercado y el beneficio económico de las empresas que desarrollan y comercializan los medicamentos. Muchas voces cualificadas apuntan al fracaso de la innovación médica en la mayoría de sus objetivos puesto que es muy cara, ineficiente y opaca”.

En el informe se explica que la investigación médica está supeditada a la consecución de derechos de propiedad intelectual señalando al actual modelo monopolístico de la patente en el que, supuestamente, el innovador recupera los costes de la I+D a través de precios altos que puede fijar al estar su producto protegido contra los competidores. De la necesidad de la población, dice el documento, se ha pasado al marketing como estrategia para decidir qué nuevos medicamentos producir.

La cuestión es que bastante de esa investigación e innovación privada está financiada con fondos públicos, además de recursos humanos, caso de las personas que participan en los ensayos clínicos, que acceden a estas investigaciones gracias a su relación con el sistema público de sanidad. En la actualidad, según el estudio, son más de dos mil millones de personas en el mundo que carecen de recursos para acceder a medicamentos esenciales, a los que, según el jerifalte de Bayer, no tienen derecho. La solución pasaría, según la HAI, por desvincular los costes de I+D de los precios de los medicamentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que no quiere meterse en lios, aplazó hace dos años esta cuestión para tratarla durante el año 2016. Ya veremos.

Las propuestas de la HAI se basan en una lógica familiar para cualquier inversor: si yo arriesgo capital, yo me llevo las plusvalías. En el caso que nos ocupa, si un estado o la Unión Europea realiza inversiones e innovacioness en salud —con el dinero de los contribuyentes, claro está— los resultados deben revertir sobre los inversores y, además, acceder de forma asequible a sus beneficios. El citado colectivo propone un modelo de investigación e innovación denominado open source, de los que se derivan la ciencia abierta y la medicina abierta que propugnan compartir el conocimiento en lugar de encorsetarlo en las restrictivas figuras de la propiedad intelectual.

Precisamente, la Unión Europea, en el marco del programa de inversiones en investigación y desarrollo —Horizonte 2020— pone el acento en otro de los problemas que rodea a todo este asunto: la investigación. Un modelo abierto, con financiación procedente de los bolsillos de todos los ciudadanos europeos, que requiere de total transparencia por parte de los investigadores para aprovechar al máximo su actividad, los datos son el nuevo petróleo, dice Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea de cuya libre difusión se pueden beneficiar empresas de todo tamaño, competir y bajar los precios. Según un estudio citado aquí, sólo el 25% de los investigadores comparte los detalles de su trabajo.

En fin, veremos cuántos datos producen 87.000 millones de euros para beneficio de los europeos de la Unión. Existe un precedente en Estados Unidos ya que en 2007 se puso en marcha una medida similar, firmada por G. Bush posiblemente (es una interpretación mía) después de saber que el 60% de las bancarrotas de las familias de este país estuvieron originadas por deudas sanitarias. No he podido encontrar datos más actuales para extraer conclusiones sobre los resultados de esta medida pero la falta de éstos me invita a ser pesimista.

Acabo con las palabras del doctor en Medicina, el ugandés Peter Mugyenyi, interviniente en el documental que he insertado más arriba y que trabaja en Kampala:

“Hemos descubierto tantas cosas en el mundo que es nuestra obligación descubrir la fórmula con la que los negocios puedan continuar y prosperar y los pobres no tengan que pagar el precio por consumir”

 

¿Smartphone o coche?

Leo en un artículo que la población juvenil prefiere las tabletas y smartphones a los coches. Dice, además, que los símbolos de una generación se definen bajo la premisa de eludir cargas pesadas y que, por tanto, el estatus pasará a medirse de otra forma, ¿los dispositivos inteligentes? No creo. Se trata, sin embargo, del reflejo de dos momentos históricos distintos donde el coche y el computador tienen significados diferentes en nuestra vida cotidiana.

La última Feria Internacional de Electrónica de Consumo (CES) celebrada en Las Vegas (Nevada, EE.UU.), será recordada por un concepto que vamos a escuchar hasta aburrirnos: el internet de las cosas. En pocos años, el slogan ponga un sensor en su vida nos parecerá desfasado, demodé y trasnochado. Electrodomésticos, prendas de vestir, artilugios aplicables a los alimentos o a nuestra liturgia de aseo personal —entre otros muchos aspectos de la vida cotidiana— servirán para captar de forma prácticamente invisible una constelación de datos hasta ahora nunca imaginados sobre nosotros mismos y lo que hacemos. El quantified self —o la cuantificación de uno mismo— de la que habla el profesor de la IE Bussines School, Enrique Dans, es una tendencia en la actualidad que pasará a convertirse en una actividad de lo más normal.

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Para muestra un botón: muchos de los que salimos a correr por las mañanas, tardes o noches llevamos un teléfono que cuenta la distancia que corremos, el desnivel acumulado del territorio, la calorías consumidas, el registro de la frecuencia cardiaca, un mapa con le recorrido realizado, etc. Además, podemos realizar planes de entrenamiento para preparar competiciones o reducir peso, entre otras cosas. Y esto lo hacen smartphones que cuestan 100 euros. Sin hablar de los últimos ingenios: unas lentillas que nos indican el nivel de glucosa en sangre o realizar análisis de sangre sin extracción. De todo se encargan los sensores.

Y esto es posible gracias a las tecnologías de la comunicaciones y la generalización de la conectividad. Según los datos de los que ya disponemos, estar conectados a algo es la generalidad y no lo que parece una obsesión de, relativamente, unos pocos. De hecho, en España la mitad de nosotros ha estado conectado a internet, al menos a través de su smartphone, en el último año, lo que supone 700.000 usuarios de la red más que en 2012. Con cerca de 19 millones de ciudadanos de este país usando internet todos los días, debemos decir que conectarse es mucho más que una moda. Para rematar el escenario, el incremento de la banda ancha movil (para smartphones y tabletas) sigue ganando adeptos en detrimento de la banda ancha fija (que usan ordenadores y portátiles), todos los datos citados de acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Telefónica, La sociedad de la información en España 2013.

El coche es un elementspain-car-market-by-segments-2012o que simbolizó durante poco más de medio siglo una forma de vivir, unos valores impuestos por un modelo de acumulación capitalista basado en el consumo generalizado, en el trabajo para toda la vida, el vehículo como elemento de estatus fácilmente identificable y que hacía visible, a su vez, un sistema de estratificación social, el resumen visual del ‘american way of life’, de las aspiraciones de la familia nuclear, de la libertad y del individualismo al alcance de todos. Como prueba de ello, los propios vehículos se clasifican en tamaños, prestaciones y elementos de diseño diferenciadores dividos en segmentos que van desde el ‘A’ —utilitarios urbanos, los más básicos, sencillos y baratos— al ‘F’ que corresponde a la mitificada gama alta.

Las cifras que cita el artículo con el que he comenzado esta entrada son significativas. El número de conductores jóvenes disminuye, en Estados Unidos también. En cambio, aumentan los que usan transportes colectivos. ¿La crisis? Seguro, y también las pocas ganas de sufrir la carga económica de cuotas bancarias y reparaciones que esperan a la vuelta de la esquina. La individualidad seguirá siendo un valor, basada en la acentuación de la racionalidad, el quantified self es una prueba de ello. Otro valor indiscutible como la libertad adquiere nuevos matices como la autonomía, la seguridad y la privacidad.

El coche no va a morir, seguirá siendo una herramienta importante. Simplemente, pierde centralidad como elemento definidor del status. El espacio y el tiempo se separán gracias a las nuevas tecnologías, como dijo Giddens en Vivir en una sociedad post-tradicional. El coche ya no es esencial puesto que ya no es imprescindible estar en ningún sitio concreto para hacerlo todo. La globalización es la consecuencia, como también dijo el sociologo británico, de los cambios en el capitalismo y la sociedad.

De esta forma, de un sistema estratificado, con el coche como exponente principal, estamos pasando a otro en el que la red se hace visible y toma relevancia, el smartphone puede ser un buen representante de esta nueva etapa. Pasamos de una estructura vertical, estática y ordenada a otra de tipo horizontal y dinámica que no sólo conecta a personas, también al resto de seres vivos no humanos y al medioambiente. Una red de relaciones —conexiones— desigual y desequilibrada que redefine la perspectiva que tenemos de todo. Debemos redefinir el concepto de poder y sus manifestaciones, y con ellos las ideologías y las propuestas para alcanzar el bienestar de las sociedades. Vuelve a haber mucho trabajo por hacer, hay que construir un nuevo paradigma.

 

 

 

Sobre la solidaridad entre especies y el buen vivir

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Me llega de un buen amigo un artículo1 que ha escrito recientemente sobre la solidaridad interespecies y la sastisfacción de sus necesidades básicas. En él, José Tomás, hace un pequeño esbozo sobre un concepto con raíces en el pacifismo, ambientalista y animalista que defiende el espirítu colaborador entre todos los seres vivos que habitan el planeta como forma de definir las relaciones entre los humanos y su entorno, lo que sería el buen vivir.

Dentro de ese marco de análisis de las relaciones inter-seres menciona un concepto, Paz Positiva, formulado hace casi veinte años por el pensador noruego Johan Galtung. El sociólogo define la Paz Positiva no como ausencia de conflicto sino como las relaciones de colaboración que garantizan el bienestar común y la construcción de estructuras pacíficas permanentes. Lo positivo significa aquí centrar el foco de la investigación en lo que funciona y está hecho para que sea así de manera perdurable en el tiempo.

También el psicólogo Martín Seligman incidió en esta perspectiva hace ya algunos unos años y sugirió que la psicología también debería prestar atención a aquellos comportamientos humanos que no suponen un problema, todo lo contrario, tales como la creatividad, la capacidad de sobreponerse a sucesos trágicos, el humor, etc. En pocas palabras: vamos a estudiar porqué una persona es feliz o goza de bienestar para saber tratar a otras que no lo son o previnir su infelicidad o malestar. Este sería el objeto de la psicología positiva.

El sociólogo Norbert Elias, a propósito de la violencia, también basó sus investigaciones en una premisa parecida: además de analizar qué elementos son causantes de un conflicto específico averigüemos también cómo y por qué una sociedad evita el uso de la violencia en su vida cotidiana. Sus estudios dieron lugar a la teoría del proceso de civilización. Un proceso que presentó como discontinúo y que contempla sus avances más decididos en situaciones de justicia y equidad pero que involuciona en contextos de desigualdad y pobreza. Tenemos excelentes ejemplos de esta situación en los sucesos de Burgos y Melilla.

Acudir a lo positivo para fijar referencias con las que trabajar, según nuestra historia como especie, es insuficiente. Como plantea el texto de partida, las experiencias de violencia que vivimos desde hace quinientos años no sólo atañen a las personas (ejercida o sufrida tanto a título individual como en nombre de una organización, colectivo o grupo) también al medio ambiente o a otros seres vivos no humanos que son explotados para favorecer el modelo de acumulación en el que se basa el desarrollo de nuestras sociedades.

Entre esos periodos históricos de referencia tenemos a la Europa occidental resultante tras el fin de la II Guerra Mundial y que abrió una etapa de paz, estabilidad, crecimiento y de reducción de la pobreza y de las desigualdades conocida con el nombre de la edad de oro del Estado del Bienestar. La primera crisis del petroleo de 1973 puso fin a este etapa e inició otra de involución en los indicadores anteriormente enumerados. De ser posible una repetición y expansión de este modelo, de la que el capital es un gran adversario, a la luz de lo expuesto seguiriamos teniendo un problema: dejamos fuera la cuestión de la explotación de la naturaleza y otros tipos de relaciones abusivas entre humanos como son el sexismo y el racismo. En definitiva, y como diría el profesor Tortosa, este modelo sería culpable de una situación de maldesarrollo como mal vivir.

Sin duda, los movimientos sociales son esenciales para la mejora de las condiciones de vida de la sociedad, tanto como la tecnología, la cualifacación del capital humano o el espíritu emprendedor. El movimiento obrero dio sus primeros pasos en el incio del segundo tercio del siglo XIX. Sus logros han sido evidentes aunque no suficientes para erradicar las relaciones de dominación entre personas. El movimiento ecologista tiene un recorrido aún menor en el tiempo. Aunque las primeras organizaciones dentro de este ámbito de actuación datan de finales del siglo XIX no es hasta los años 50 del siglo pasado cuando crece el número de sensibilidades y la población tiene la creencia de que es necesario proteger el medio ambiente porque también le va la vida en ello. Mucho trabajo no se ha podido hacer todavía.

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A día de hoy, definir el desarrollo en términos del buen vivir es tan necesario como ineludible emprender una acción intelectual en este sentido. El propio José Tomás, y también Tortosa, priorizan dentro de la estrategia de actuación la satisfacción de las necesidades básicas interespecies en este proceso. José Tomás encuentra la vía de la paz estructural como la única para asegurar la superviviencia moral del ser humano al igual que la material, identificando el buen vivir con calidad de vida, promoviendo una cultura de hacer las paces interespecies a la que Galtung alude en su obra. El sociólogo considera contar con una ética animal, ambientalista y ecofeminista que derribe la estructura de predación vigente.

Finalmente, el capital ha tirado por lo global para dominar también en lo local mientras que las perspectivas alternativas hacen hincapié en lo local para liberarse de las cadenas globlalizantes. Por otra parte, tenemos el proceso de construcción de una entidad supranacional, como la Unión Europea, en la onda de los movimientos globalizadores. Mi posición personal está acerca de la perspectiva intelectual de Jurgen Habermas y su defensa de una Europa democrática y participativa tal y como refleja en su ‘Crisis de la Unión Europea. Una respuesta‘. El sabio alemán incide en esta obra sobre la necesidad de construir una Europa y una identidad basada en la solidaridad, un valor que trascienda la noción de transculturalidad, que además, como José Tomás propone, sea interespecie y que contemple la dignidad, no sólo del ser humano como propone Habermas, también del medio ambiente y de todos los seres vivos no humanos. Es necesario para alcanzar un buen desarrollo y un buen vivir.

Nota al pie

1García García, J.T. (2012): ¿Es posible satisfacer las necesidades básicas interespecies? El aprendizaje intercultural de paz estructural no antropocéntrica. Pensamiento Actual, vol 12; nº 18-19. pag. 13-26.

La creencia irracional en lo racional

578423_518533071496400_1784441023_nMuchos de los que vivimos en este país, o cualquier otro de occidente, no tenemos ni idea de cómo se produce energía en las centrales nucleares. Podemos vivir con ello y no nos preocupa lo más mínimo porque alguien sí que lo sabe. Lo mismo se puede decir sobre nuestros conocimientos acerca del funcionamiento de un coche —los míos son escasos y los pocos de los que dispongo provienen de la intuición— o de cómo es posible que un ordenador haga lo que le pedimos (dentro de sus posibilidades, claro).
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