Participar, influir y la mercantilización de la vida

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Empiezo con una pregunta: ¿participar es influir en la esfera política? Veamos pues. Leo en un artículo que los consumidores hacemos política al adquirir bienes y servicios, de tal forma que ciertos grupos de compradores actuando de forma conjunta conformarían una consumocracia. Como ejemplo de este fenómeno habla de actividades tales como el boycott y el buycott.

El primero, el boycott (o boicot), es ampliamente conocido: dejamos de comprar algo porque ese bien es producido por una empresa que contraviene algún valor social que defiende el consumidor que realiza dicha práctica. O, para que nos entendamos todos, que dicha mercantil resida en un territorio cuya élite política ha hecho enfadar a otra con la que mantiene un conflicto, como en el caso del boicot a los productos catalanes.

El buycott es, precisamente, lo contrario. Compramos un bien o servicio porque defiende o promueve un valor que nos resulta interesante y que compartimos con el productor ya sea porque nos lo cuentan en un mensaje publicitario o llega al consumidor a través de alquien que le influye. Un buen ejemplo lo constituye la actividad conocida como comercio justo, que, a pesar de la crisis, goza de muy buena salud.

Algunas empresas prefieren no enfadar a sus clientes, o potenciales clientes, para no arriesgarse a sufrir un boycott o tirar a la basura los miles de millones que cuesta crear una imagen positiva de marca. Para ello evitan que se les asocie con conductas socialmente reprobables como, por ejemplo, que un jugador de fútbol le dé un mordisco a otro, o que un programa de televisión entreviste a cambio de dinero al familiar de un imputado en caso de asesinato.

Participar en política es una acción expresiva o instrumental que tiene como objetivo la definición colectiva del bien común. Influir es el producto de la relación de poder que ejerce una parte sobre otra. Participar e influir son conceptos complementarios y no significan lo mismo. Para definir el bien común es necesaria la influencia pero actuar a través del mercado para cambiar las cosas en política no parece el camino más efectivo para el común de los mortales.

Sin embargo los mercados tienen la capacidad de influir sobre los gobiernos y lo hacen de forma habitual. En España, por ejemplo, tenemos la reforma constitucional para hacer constar en la Carta Magna el principio de estabilidad presupuestaria. También tenemos constancia de una situación análoga en lo que el colectivo de los técnicos de Hacienda no ha dudado en calificar como un regalo de los contribuyentes a los bancos de 6.000 millones de euros por mor de la reciente reforma fiscal.

No obstante, el estado sí que utiliza su capacidad para influir para que los contribuyentes hagan política al más puro estilo consumerista. En el siguiente spot publicitario la Agencia Tributaria apela al poder de los consumidores para salvar el depauperado e incompleto estado de bienestar que todavía le queda a españoles y españolas.

Y todavía no nos hemos puesto serios de verdad. En Australia y Nueva Zelanda limitan a los señores y señoras con problemas de sobrepeso, siempre y cuando sean extranjeros, la estancia en dichos territorios. En este caso, consumir demasiada comida puede minar la economía del estado, según dicen en el video que está aquí abajo.

Dicen que la desigualdad —medida en términos del índice de Gini— en este país se ha incrementado en los últimos años. ¿Soluciones? la educación que, por cierto, puede convertirse en un nuevo nicho de consumo si el actual gobierno finalmente acuerda acabar con la financiación de los estudios universitarios con becas para abrir la participación bancaria en estos menesteres a través de la vía crediticia.

Sanidad, pensiones, educación …, de ciudadanos con derechos a consumidores con capacidad de influir como eufemismo de la participación política. Como diría el del anuncio: yo no soy tonto. Ya les vale.

China y el calentamiento global o la resistencia al cambio

Leo un curioso artículo sobre algunas de las consecuencias que el cambio climático puede tener para la distribución de la población en el mundo y la producción económica. Es intersante pero como todo lo que tienen que ver con descripciones del futuro, no pasa del terreno de la especulación, por muy racional que sea, que lo es. Pero lo más llamativo es la tesis que propone: el cambio climático puede ser malo (nefasto, mejor dicho) para unos pero una excelente oportunidad para seguir acumulando riqueza —en términos económicos, claro— para otros.

Un posible incremento entre 4ºC y 8ºC de la temperatura en los dos próximos siglos, tal y como apunta el autor de la entrada, haría cambiar de forma sensible el panorma tal y como lo conocemos, ya sea por el incremento del nivel del mar producido por el deshielo, ya sea por los cambios en la producción agrícola que conllevará.

En el lado negativo: conflictos derivados de los movimientos migratorios a los que cada vez se les pondrán más trabas acentuando la impermeabilidad selectiva de las líneas fronterizas en función del color o del peso corporal de los individuos, así como de las alteraciones en el ecosistema ya de sobra conocidas por todos. En el lado menos malo, según el artículo: como se espera un desplazamiento de 1.000 kilómetros de la actividad agrícola hacia el norte, este hecho permitiría que, por ejemplo, la superficie agrícola de Siberia vea doblar su actual producción.

Otro ejemplo de este último tipo de derivaciones: la aparición de la ruta del Ártico o la Vía marítima de oro del Ártico (Arctic Golden Waterway). El deshielo en esta región del planeta ha abierto una nueva vía de navegación (en el mapa, la línea roja) que beneficiará a los industrializados países asiáticos en los intercambios comerciales, especialmente a China.

20130812-153912Parece ser, según apuntan en este artículo, que todo son ventajas con respecto a la ruta convencional (línea negra discontinua) que transita por el Estrecho de Malaca (Indonesia, Malasia y Singapur) y el Canal de Suez (Egipto) para llegar a Europa con numerosos inconvenientes para la navegación comercial como la piratería, riesgos de colisión en los estrechos y aguas superficiales, a los que hay que añadir los problemas de visibilidad que sufren quienes deben comandar los barcos a causa de los incendios en territorios próximos. Canadienses y rusos podrían ser un excelente socio de los países asiáticos exportadores, tal y como se apunta al final de dicho artículo.

artico_navegableChina, según los datos que ofrece el diario El Mundo, es el principal país emisor de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que contribuyen al calentamiento global. Hacer de su tejido industrial un sistema menos contaminante puede costarle bastante dinero. Dejar las cosas como están puede serles mucho más beneficioso y aprovechar lucrativas oportunidades. Puestos en ese plan, la costa mediterránea de España con una subida de la temperatura de cuatro a ocho grados bien podría ser la playa del mundo en invierno y la meseta interior un gigantesco casino en medio del desierto en verano.

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¿Un nivel alto de bienestar requiere de una sociedad que valore el igualitarismo?

Parece evidente que valores como la igualdad y el nivel de bienestar de una sociedad tienen mucho que ver pero ¿todos tenemos claro el signo de dicha relación? Es decir, ¿una sociedad con un estado social avanzado se construye desde la base de una población que hace del igualatarismo su valor bandera?

Una investigación basada en la quinta oleada de la Encuesta Social Europea (ESS) sobre actitudes y valores de la población, presentaba unas conclusiones bastante curiosas, a juzgar por los comentarios de los propios autores del estudio. Debajo podemos ver un mapa que representa el significado que tiene el valor igualitarismo para las distintas sociedades europeas que ha sido tomado de dicho artículo:

igualitarismo_ue

Estados del bienestar hay unos cuantos, tantos como países, aunque se les puede agrupar en diferentes modelos en función de la eficiencia —capacidad para mantener altas tasas de empleo—, y el grado de distribución de la riqueza que genera la sociedad. Si nos fijamos en los países nórdicos, veríamos que éstos obtienen resultados óptimos en ambos apartados, sin embargo, el igualitarismo no sería el valor más importante en su escala colectiva.modelos_de_bienestar_en_europaLos países con valores menos igualitarios serían, según la ESS, los países nórdicos, Alemania, el Reino Unido e Irlanda. Los dos últimos se ajustan al estereotipo pero los primeros, se alejan bastante. Por el contrario, en los países mediterráneos la sed de igualdad está más presente. ¿Se podría plantear como hipótesis que allí donde la equidad es real es menos valorada y viceversa? Puede ser pero también es posible que esta información la utilicen los partidos políticos para elaborar los discursos con los que tratarán de llevarnos al huerto. Echemos un vistazo a estos datos:

ingresos_estado_union_europeaLa lógica dice que cuanto más inversión se realice en bienestar, menor será el nivel de probreza de una sociedad. Según los datos anteriormente reseñados el sistema fiscal español tiene un problema de diseño, por más que se le quiera echar la culpa de todos los males a la economía sumergida (Italia también la padece de forma análoga a España y recauda mucho más, arriba se pueden ver los datos comparados de ingresos). Vamos, que se recauda poco y mal. No parece, por tanto, que bajar los impuestos sea la mejor idea en estos momentos como prometen algunos, so pena de seguir atizándole al maltrecho y paupérrimo estado de bienestar que nos queda. Es posible que la eficiencia en la gestión de la administración del estado suponga una dimensión de la justicia redistributiva que haya que sacar a relucir.

De momento, se considera ineficiente, dentro del discurso político preponderante en España, todo lo que tenga que ver con la gestión de lo público en oposición a la privada. Desde luego podría ser así la administración tributaria producto de un mal diseño político del impuesto pero, en cambio, el sistema sanitario español es considerado uno de los mejores del mundo, según Bloomberg. Dentro de este ambiente nacen falacias (como que sobran funcionarios o que los impuestos que pagamos son muy altos) que desvían la atención sobre los problemas realmente capitales de la sociedad española.

Pensemos, por un momento, en la economia de la mayoría de las familias españolas. Su renta disponible se ha visto reducida por un recorte de sus sueldos. ¿La mejor forma incrementarlo es bajando impuestos? Algunos expertos piensan que sí. Pero no es menos cierto que la población sufre limitaciones más severas como pagar durante 30 o 40 años (volver al nivel de bienestar anterior a la crisis dicen que nos costará 20 años) por una casa cuyo precio fue engordado con esteroides producto de la burbuja inmobiliaria. Una quita del 38,5% en las cuotas de las 1.238.890 hipotecas que se firmaron en 2007 (porcentaje que supone la caída acumulada del precio de la vivienda desde dicho año) daría mejores resultados que las puesta en práctica de ciertas promesas electoralistas que vamos a sufrir de aquí al año 2015. Eso sin hablar de los cárteles energéticos, de la electricidad y del petróleo, que también le dan otro hermoso bocado a la renta de las familias.

Desde luego, al poder político le es más fácil explicar en España, y justificarlo, una bajada de impuestos recubierta con el papel de celofán del igualitarismo que obligar a bancos, farmacéuticas, eléctricas y petroleras a reducirles sus pingües beneficios, ya sea por vía fiscal, ya sea por el menoscabo de sus prácticas abusivas.

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La desigualdad en la salud: el imperio Big Pharma

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Parece que la desigualdad económica es tema de actualidad en los medios de comunicación. Prima hermana de la anterior es el desigual acceso a los medicamentos por parte de la población en el mundo. Buena parte de culpa la tiene el modelo en el que se genera y produce el fármaco: investigaciones poco transparentes, normas proteccionistas, trámites burocráticos excesivamente largos para aprobar la comercialización de las medicinas, una industria poderosa sin escrúpulos para utilizar las malas artes, todo ello conforma un monopolio inexpugnable en el que la gran industria farmaceutica, o Big Pharma, decide qué se investiga y para quién. Pero, ¿el enfermo tiene remedio?

En el Foro Económico Mundial, que recientemente ha celebrado su asamblea anual en la localidad suiza de Davos, ha vuelto a surgir el tema de la desigualdad económica entre grupos poblacionales. La conclusión: que los viejos postulados liberales son la vía adecuada para salir de la crisis, según afirma el economista jefe de la consultora IHS,  presente en Davos, Nariman Behravesh:

“No es una contradicción apostar por la liberalización de los mercados de trabajo y denunciar la creciente desigualdad de renta. A corto plazo, quizás sea doloroso, pero a largo plazo generará más crecimiento”

La desigualdad, la salud y el cambio climático fueron los temas protagonistas en dicha reunión que ha sido reconocida por sus participantes con el eslogan “rediseñando el mundo: consecuencias para la política, la sociedad y las empresas”. Entre los participantes hay que destacar la presencia de la élite política y económica del planeta, con intervenciones mediáticas de los países emergentes, siendo una de las más reseñables la que realizó la presidenta brasileña Dilma Roussef quien pidió encarecidamente a los inversores extranjeros que sigan confiando en el país carioca ante el estancamiento de la, hasta hace poco tiempo, emergente economía.

El mismo Behravesh echaba en cara a Roussef que el exceso regulatorio y los impuestos han hecho que “el coste de hacer negocios en Brasil sea muy alto”, dijo. Otra economía de las consideradas emergentes, India, también ha recibido últimamente la reprimenda de la élite económica, en este caso del consejero delegado de una multinacional farmacéutica que no tuvo ningún reparo en admitir su ‘frustración’ ante la sistemática negativa del gobierno indú de saltarse la patente de un medicamento para combatir un tipo de cáncer:

“No creamos este medicamento para los indios, sino para los occidentales que pueden pagarlo”

Así está la cosa. Cinismo, desfachatez y sangre fría para hablar de medicamentos que sirven para tratar enfermedades como el cáncer, el SIDA o la hepatitis. Como si habláramos de una lata de caviar. El desprecio por las personas que sufren la pobreza no puede ser más explícito. Es el imperio del Big Pharma.

Pero no todo el monte es orégano. Existen diferencias dentro de un sector con estrategias diferentes para ganar el dinero a expuertas: unas, las más poderosas, invierten en I+D y se dedican a registrar patentes, y el resto se lucra a base de copiar las moléculas —principios activos— que ya no están protegidas legalmente y que, curiosamente, cada vez son menos. ¿Por qué? Porque solo interesa investigar lo que es rentable.

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Como se puede imaginar el lector patentistas y emuladores son uno competencia del otro. El más poderoso tiene sus mañas para hacer valer sus intereses y ataca con un despliegue de acciones para evitar o retrasar la llegada al mercado de medicamentos genéricos. Las estrategias que utilizan las propietarias de patentes para ello son variadas siendo las más utilizadas las marañas de patentes, la perpetuación de las mismas a través de mecanismos legales, el hostigamiento jurídico, influir en la administración a través de la manipulación de los precios o el reembolso de medicamentos, además de la publicidad desleal.

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La práctica de la medicina y el arte de aliviar el sufrimiento de los seres humanos no es comparable a la fabricación de una bombilla ni al de la prestación de servicios como el de una cafetería. No parece de recibo que medicamentos que pueden dispensarse a personas enfermas en tratamientos que cuestan cincuenta euros al año tangan que ser comprados por dos mil a las propietarias de las patentes. Como se vio en el caso Gleevec (medicamento contra un tipo de cáncer comercializado por una multinacional suiza), aunque la reducción en el precio de este medicamento sea sustancial —de 27.000 dólares a 2.700— su adquisición es inviable para los pobres de solemnidad. Algunas farmaceuticas lavan su imagen dedicándose a la caridad pero no es suficiente. El siguiente documental, Fuego en la sangre, es un magnífico ejemplo de toda esta controversia.

Sudáfrica se ha propuesto seguir la vía india para combatir el problema del acceso a medicamentos para tratar el SIDA, una enfermedad que sufre la población de este país de forma severa. La respuesta de la industria farmaceutica, en forma del lobby IPASA, no se hizo esperar gestando un plan de acción contra la intención del estado sudafricano, que con buen criterio se agarró  a la Declaración de Doha (avalada por la Organización Mundial del Comercio) para promover el acceso de los medicamentos entre los enfermos sin recursos. El informe filtrado por la prensa del país.

La Health Action International (HAI) Europe crítica en un documento que elaboró en el año 2012 (y traducido por la Fundación Salud por Derecho) que la industria farmaceutica persigue unos objetivos distintos de los de aliviar o erradicar el sufrimiento humano:

“Existen sólidas evidencias de que la investigación, el desarrollo y la producción de nuevos medicamentos no suelen estar orientados por las exigencias de salud pública, sino por las demandas del mercado y el beneficio económico de las empresas que desarrollan y comercializan los medicamentos. Muchas voces cualificadas apuntan al fracaso de la innovación médica en la mayoría de sus objetivos puesto que es muy cara, ineficiente y opaca”.

En el informe se explica que la investigación médica está supeditada a la consecución de derechos de propiedad intelectual señalando al actual modelo monopolístico de la patente en el que, supuestamente, el innovador recupera los costes de la I+D a través de precios altos que puede fijar al estar su producto protegido contra los competidores. De la necesidad de la población, dice el documento, se ha pasado al marketing como estrategia para decidir qué nuevos medicamentos producir.

La cuestión es que bastante de esa investigación e innovación privada está financiada con fondos públicos, además de recursos humanos, caso de las personas que participan en los ensayos clínicos, que acceden a estas investigaciones gracias a su relación con el sistema público de sanidad. En la actualidad, según el estudio, son más de dos mil millones de personas en el mundo que carecen de recursos para acceder a medicamentos esenciales, a los que, según el jerifalte de Bayer, no tienen derecho. La solución pasaría, según la HAI, por desvincular los costes de I+D de los precios de los medicamentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que no quiere meterse en lios, aplazó hace dos años esta cuestión para tratarla durante el año 2016. Ya veremos.

Las propuestas de la HAI se basan en una lógica familiar para cualquier inversor: si yo arriesgo capital, yo me llevo las plusvalías. En el caso que nos ocupa, si un estado o la Unión Europea realiza inversiones e innovacioness en salud —con el dinero de los contribuyentes, claro está— los resultados deben revertir sobre los inversores y, además, acceder de forma asequible a sus beneficios. El citado colectivo propone un modelo de investigación e innovación denominado open source, de los que se derivan la ciencia abierta y la medicina abierta que propugnan compartir el conocimiento en lugar de encorsetarlo en las restrictivas figuras de la propiedad intelectual.

Precisamente, la Unión Europea, en el marco del programa de inversiones en investigación y desarrollo —Horizonte 2020— pone el acento en otro de los problemas que rodea a todo este asunto: la investigación. Un modelo abierto, con financiación procedente de los bolsillos de todos los ciudadanos europeos, que requiere de total transparencia por parte de los investigadores para aprovechar al máximo su actividad, los datos son el nuevo petróleo, dice Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea de cuya libre difusión se pueden beneficiar empresas de todo tamaño, competir y bajar los precios. Según un estudio citado aquí, sólo el 25% de los investigadores comparte los detalles de su trabajo.

En fin, veremos cuántos datos producen 87.000 millones de euros para beneficio de los europeos de la Unión. Existe un precedente en Estados Unidos ya que en 2007 se puso en marcha una medida similar, firmada por G. Bush posiblemente (es una interpretación mía) después de saber que el 60% de las bancarrotas de las familias de este país estuvieron originadas por deudas sanitarias. No he podido encontrar datos más actuales para extraer conclusiones sobre los resultados de esta medida pero la falta de éstos me invita a ser pesimista.

Acabo con las palabras del doctor en Medicina, el ugandés Peter Mugyenyi, interviniente en el documental que he insertado más arriba y que trabaja en Kampala:

“Hemos descubierto tantas cosas en el mundo que es nuestra obligación descubrir la fórmula con la que los negocios puedan continuar y prosperar y los pobres no tengan que pagar el precio por consumir”

 

Sobre la solidaridad entre especies y el buen vivir

040612

Me llega de un buen amigo un artículo1 que ha escrito recientemente sobre la solidaridad interespecies y la sastisfacción de sus necesidades básicas. En él, José Tomás, hace un pequeño esbozo sobre un concepto con raíces en el pacifismo, ambientalista y animalista que defiende el espirítu colaborador entre todos los seres vivos que habitan el planeta como forma de definir las relaciones entre los humanos y su entorno, lo que sería el buen vivir.

Dentro de ese marco de análisis de las relaciones inter-seres menciona un concepto, Paz Positiva, formulado hace casi veinte años por el pensador noruego Johan Galtung. El sociólogo define la Paz Positiva no como ausencia de conflicto sino como las relaciones de colaboración que garantizan el bienestar común y la construcción de estructuras pacíficas permanentes. Lo positivo significa aquí centrar el foco de la investigación en lo que funciona y está hecho para que sea así de manera perdurable en el tiempo.

También el psicólogo Martín Seligman incidió en esta perspectiva hace ya algunos unos años y sugirió que la psicología también debería prestar atención a aquellos comportamientos humanos que no suponen un problema, todo lo contrario, tales como la creatividad, la capacidad de sobreponerse a sucesos trágicos, el humor, etc. En pocas palabras: vamos a estudiar porqué una persona es feliz o goza de bienestar para saber tratar a otras que no lo son o previnir su infelicidad o malestar. Este sería el objeto de la psicología positiva.

El sociólogo Norbert Elias, a propósito de la violencia, también basó sus investigaciones en una premisa parecida: además de analizar qué elementos son causantes de un conflicto específico averigüemos también cómo y por qué una sociedad evita el uso de la violencia en su vida cotidiana. Sus estudios dieron lugar a la teoría del proceso de civilización. Un proceso que presentó como discontinúo y que contempla sus avances más decididos en situaciones de justicia y equidad pero que involuciona en contextos de desigualdad y pobreza. Tenemos excelentes ejemplos de esta situación en los sucesos de Burgos y Melilla.

Acudir a lo positivo para fijar referencias con las que trabajar, según nuestra historia como especie, es insuficiente. Como plantea el texto de partida, las experiencias de violencia que vivimos desde hace quinientos años no sólo atañen a las personas (ejercida o sufrida tanto a título individual como en nombre de una organización, colectivo o grupo) también al medio ambiente o a otros seres vivos no humanos que son explotados para favorecer el modelo de acumulación en el que se basa el desarrollo de nuestras sociedades.

Entre esos periodos históricos de referencia tenemos a la Europa occidental resultante tras el fin de la II Guerra Mundial y que abrió una etapa de paz, estabilidad, crecimiento y de reducción de la pobreza y de las desigualdades conocida con el nombre de la edad de oro del Estado del Bienestar. La primera crisis del petroleo de 1973 puso fin a este etapa e inició otra de involución en los indicadores anteriormente enumerados. De ser posible una repetición y expansión de este modelo, de la que el capital es un gran adversario, a la luz de lo expuesto seguiriamos teniendo un problema: dejamos fuera la cuestión de la explotación de la naturaleza y otros tipos de relaciones abusivas entre humanos como son el sexismo y el racismo. En definitiva, y como diría el profesor Tortosa, este modelo sería culpable de una situación de maldesarrollo como mal vivir.

Sin duda, los movimientos sociales son esenciales para la mejora de las condiciones de vida de la sociedad, tanto como la tecnología, la cualifacación del capital humano o el espíritu emprendedor. El movimiento obrero dio sus primeros pasos en el incio del segundo tercio del siglo XIX. Sus logros han sido evidentes aunque no suficientes para erradicar las relaciones de dominación entre personas. El movimiento ecologista tiene un recorrido aún menor en el tiempo. Aunque las primeras organizaciones dentro de este ámbito de actuación datan de finales del siglo XIX no es hasta los años 50 del siglo pasado cuando crece el número de sensibilidades y la población tiene la creencia de que es necesario proteger el medio ambiente porque también le va la vida en ello. Mucho trabajo no se ha podido hacer todavía.

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A día de hoy, definir el desarrollo en términos del buen vivir es tan necesario como ineludible emprender una acción intelectual en este sentido. El propio José Tomás, y también Tortosa, priorizan dentro de la estrategia de actuación la satisfacción de las necesidades básicas interespecies en este proceso. José Tomás encuentra la vía de la paz estructural como la única para asegurar la superviviencia moral del ser humano al igual que la material, identificando el buen vivir con calidad de vida, promoviendo una cultura de hacer las paces interespecies a la que Galtung alude en su obra. El sociólogo considera contar con una ética animal, ambientalista y ecofeminista que derribe la estructura de predación vigente.

Finalmente, el capital ha tirado por lo global para dominar también en lo local mientras que las perspectivas alternativas hacen hincapié en lo local para liberarse de las cadenas globlalizantes. Por otra parte, tenemos el proceso de construcción de una entidad supranacional, como la Unión Europea, en la onda de los movimientos globalizadores. Mi posición personal está acerca de la perspectiva intelectual de Jurgen Habermas y su defensa de una Europa democrática y participativa tal y como refleja en su ‘Crisis de la Unión Europea. Una respuesta‘. El sabio alemán incide en esta obra sobre la necesidad de construir una Europa y una identidad basada en la solidaridad, un valor que trascienda la noción de transculturalidad, que además, como José Tomás propone, sea interespecie y que contemple la dignidad, no sólo del ser humano como propone Habermas, también del medio ambiente y de todos los seres vivos no humanos. Es necesario para alcanzar un buen desarrollo y un buen vivir.

Nota al pie

1García García, J.T. (2012): ¿Es posible satisfacer las necesidades básicas interespecies? El aprendizaje intercultural de paz estructural no antropocéntrica. Pensamiento Actual, vol 12; nº 18-19. pag. 13-26.

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