Las nuevas tecnologías y la democracia participativa

ilustracion1 tecnologias participacionLa implantación de las nuevas tecnologías en procesos de decisión y deliberación política promete largos y acalorados debates. En cualquier foro sobre la cuestión encontraremos posiciones favorables y contrarias al uso de la misma. Uno de esos espacios para la reflexión y la discusión será la Jornada Participación 2.0 – Democracia participativa desde la ciudadanía. Nuevos desafíos, herramientas y tecnologías, que organiza el colectivo PreparacCión el próximo sábado 29 de marzo en Alcoi, Alicante.

La tecnología es una creación de la mente humana que tiene como fin adaptar el entorno —natural y social— a las necesidades de las personas. ¿De todas? Eso es es bastante discutible desde una perspectiva histórica. El profesor del IE Business School, Enrique Dans, hablando sobre el papel de las denominadas nuevas tecnologías en la sociedad, dijo en una entrevista a propósito de internet que éste medio “es como la utopía marxista: una de las bases de la revolución es que los medios de producción estén en manos del pueblo, y esto es lo que ha ocurrido” (con las nuevas tecnologías).

También es experta en analizar los resultados y posibilidades de la aplicación de las nuevas tecnologías la psicóloga social Dolors Reig que dentro del baile de acrónimos que forman este nuevo escenario tecnológico realiza su propuesta en el terreno de la participación ciudadana. Según Reig, tenemos las TICs (tecnologías de la información y la comunicación), las TACs (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) y, sugerido por ella, las TEP, las tecnologías para el empoderamiento y la participación.

ilustracion2 tecnologias participacionReig dice, citando al profesor de Ciencias Políticas de la European University Institute, Alexander Trechsel, que las TEP deben aumentar la transparencia de los procesos políticos; lograr una mayor implicación de la ciudadanía en la vida social o conseguir que la formación de la opinión pública sea más plural e independiente de los poderes establecidos y que sirva de base para abrir nuevos espacios de información y deliberación.

En la Jornada Participación 2.0 que organiza PreparacCión (los interesados en asisitir pueden inscribirse aquí gratuítamente), la reflexión girará entorno a los aspectos anteriormente mencionados. El sociólogo Francisco Francés y especialista en procesos de participación ciudadana, pondrá de relevancia en este encuentro la necesidad de trascender la liturgia del proceso democrático actual, con una democracia representativa que condena al ciudadano a elegir entre adoptar una actitud pasiva como votante o formar parte del propio poder con todas sus consecuencias. ¿Qué hay en medio? Una cada vez más limitada capacidad de movilización por las leyes escritas por quienes tienen el poder.

Las nuevas tecnologías, aprovechando su naturaleza y que son accesibles para la mayor parte de la población, como apunta Dans en sus escritos, ya están dando sus primeros pasos en el terreno de los procesos de decisión y participación. Eduardo Robles (@edulix) de Agora Voting, y Andrea Bontempi, de Appgree, hablarán de cómo la tecnología puede facilitar la inclusión de la población en estos procesos, técnicamente complejos, que derriban barreras, a la vez que abren nuevos interrogantes que ponen en discusión conceptos como la privacidad, la libertad, la autonomía, la autoridad o la confiabilidad.

La tecnología puede hacer posible tratar materialmente cuestiones que en otros tiempos no podían pasar de discusiones intelectuales en ciertos espacios de la sociedad. Un problema como la privacidad ya no es algo abstracto; ya podemos tocar con las manos lo que entendemos por libertad; yo puedo elegir a quién quiero que detente una autoridad delegada y revocar, con todo mi derecho y sin esperar cuatro años, esta atribución. Pero eso no será deseable sin una participación real, directa, activa, sin que los flujos de información vayan de un lado a otro sin ser ‘tratados’ por el poder. Y eso, cada vez, está más cerca.

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Sobre la democracia participativa

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La democracia representativa, fiel a las directrices de un sistema de idas liberal, se muestra ya insuficiente. ¿Es la democracia participativa su alternativa más deseable? A saber. Lo que esta claro es que si una democracia sitúa el gobierno de una sociedad en la ciudadanía, ésta sería la que debería poder. Pero no es todo tan fácil.

Precisamente, en una emisora de radio que hace prensa del siglo pasado hablaban hace unas semanas de la democracia participativa. El problema que planteaban los contertulios en relación a la misma es que ésta requeriría de los electores que previamente se reuniesen para hablar de los problemas que les aquejan. La tildaban de democracia asamblearía, en plan insulto.

La democracia directa puede ser técnicamente compleja. Pero también es cierto que las personas somos más capaces que hace cien años y las herramientas a nuestra disposición para hacerla efectiva son mejores, mayores en número y más accesibles. La pretensión es que los procesos cambién y que la información de la que se nutren las conversaciones que propician la participación de la ciudadanía en lo público deje de circular en un único sentido, vertical, de arriba a abajo, y  otro de tipo horizontal y bidireccional.

El colectivo PreparacCión está organizando en Alcoi unas jornadas en las que propone un espacio para el debate y un elemento más que interviene en el proceso democrático.  Se hablará de democracia participativa y de herramientas, de nuevas tecnologías y de cómo su uso puede hacer menos complejo el proceso. En definitiva, hablar, conversar y reflexionar sobre algo que importa más de lo que parece a tenor de las encuestas que describen la desafección entre políticos y ciudadanía.

¿Qué podrían decir los contertulios a los que me he referido anteriormente sobre este tipo de acciones? Que es tiempo perdido, supongo. El sábado 29 de marzo lo veremos. Estais todos invitados.

 

China y el calentamiento global o la resistencia al cambio

Leo un curioso artículo sobre algunas de las consecuencias que el cambio climático puede tener para la distribución de la población en el mundo y la producción económica. Es intersante pero como todo lo que tienen que ver con descripciones del futuro, no pasa del terreno de la especulación, por muy racional que sea, que lo es. Pero lo más llamativo es la tesis que propone: el cambio climático puede ser malo (nefasto, mejor dicho) para unos pero una excelente oportunidad para seguir acumulando riqueza —en términos económicos, claro— para otros.

Un posible incremento entre 4ºC y 8ºC de la temperatura en los dos próximos siglos, tal y como apunta el autor de la entrada, haría cambiar de forma sensible el panorma tal y como lo conocemos, ya sea por el incremento del nivel del mar producido por el deshielo, ya sea por los cambios en la producción agrícola que conllevará.

En el lado negativo: conflictos derivados de los movimientos migratorios a los que cada vez se les pondrán más trabas acentuando la impermeabilidad selectiva de las líneas fronterizas en función del color o del peso corporal de los individuos, así como de las alteraciones en el ecosistema ya de sobra conocidas por todos. En el lado menos malo, según el artículo: como se espera un desplazamiento de 1.000 kilómetros de la actividad agrícola hacia el norte, este hecho permitiría que, por ejemplo, la superficie agrícola de Siberia vea doblar su actual producción.

Otro ejemplo de este último tipo de derivaciones: la aparición de la ruta del Ártico o la Vía marítima de oro del Ártico (Arctic Golden Waterway). El deshielo en esta región del planeta ha abierto una nueva vía de navegación (en el mapa, la línea roja) que beneficiará a los industrializados países asiáticos en los intercambios comerciales, especialmente a China.

20130812-153912Parece ser, según apuntan en este artículo, que todo son ventajas con respecto a la ruta convencional (línea negra discontinua) que transita por el Estrecho de Malaca (Indonesia, Malasia y Singapur) y el Canal de Suez (Egipto) para llegar a Europa con numerosos inconvenientes para la navegación comercial como la piratería, riesgos de colisión en los estrechos y aguas superficiales, a los que hay que añadir los problemas de visibilidad que sufren quienes deben comandar los barcos a causa de los incendios en territorios próximos. Canadienses y rusos podrían ser un excelente socio de los países asiáticos exportadores, tal y como se apunta al final de dicho artículo.

artico_navegableChina, según los datos que ofrece el diario El Mundo, es el principal país emisor de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que contribuyen al calentamiento global. Hacer de su tejido industrial un sistema menos contaminante puede costarle bastante dinero. Dejar las cosas como están puede serles mucho más beneficioso y aprovechar lucrativas oportunidades. Puestos en ese plan, la costa mediterránea de España con una subida de la temperatura de cuatro a ocho grados bien podría ser la playa del mundo en invierno y la meseta interior un gigantesco casino en medio del desierto en verano.

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La desigualdad en la salud: el imperio Big Pharma

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Parece que la desigualdad económica es tema de actualidad en los medios de comunicación. Prima hermana de la anterior es el desigual acceso a los medicamentos por parte de la población en el mundo. Buena parte de culpa la tiene el modelo en el que se genera y produce el fármaco: investigaciones poco transparentes, normas proteccionistas, trámites burocráticos excesivamente largos para aprobar la comercialización de las medicinas, una industria poderosa sin escrúpulos para utilizar las malas artes, todo ello conforma un monopolio inexpugnable en el que la gran industria farmaceutica, o Big Pharma, decide qué se investiga y para quién. Pero, ¿el enfermo tiene remedio?

En el Foro Económico Mundial, que recientemente ha celebrado su asamblea anual en la localidad suiza de Davos, ha vuelto a surgir el tema de la desigualdad económica entre grupos poblacionales. La conclusión: que los viejos postulados liberales son la vía adecuada para salir de la crisis, según afirma el economista jefe de la consultora IHS,  presente en Davos, Nariman Behravesh:

“No es una contradicción apostar por la liberalización de los mercados de trabajo y denunciar la creciente desigualdad de renta. A corto plazo, quizás sea doloroso, pero a largo plazo generará más crecimiento”

La desigualdad, la salud y el cambio climático fueron los temas protagonistas en dicha reunión que ha sido reconocida por sus participantes con el eslogan “rediseñando el mundo: consecuencias para la política, la sociedad y las empresas”. Entre los participantes hay que destacar la presencia de la élite política y económica del planeta, con intervenciones mediáticas de los países emergentes, siendo una de las más reseñables la que realizó la presidenta brasileña Dilma Roussef quien pidió encarecidamente a los inversores extranjeros que sigan confiando en el país carioca ante el estancamiento de la, hasta hace poco tiempo, emergente economía.

El mismo Behravesh echaba en cara a Roussef que el exceso regulatorio y los impuestos han hecho que “el coste de hacer negocios en Brasil sea muy alto”, dijo. Otra economía de las consideradas emergentes, India, también ha recibido últimamente la reprimenda de la élite económica, en este caso del consejero delegado de una multinacional farmacéutica que no tuvo ningún reparo en admitir su ‘frustración’ ante la sistemática negativa del gobierno indú de saltarse la patente de un medicamento para combatir un tipo de cáncer:

“No creamos este medicamento para los indios, sino para los occidentales que pueden pagarlo”

Así está la cosa. Cinismo, desfachatez y sangre fría para hablar de medicamentos que sirven para tratar enfermedades como el cáncer, el SIDA o la hepatitis. Como si habláramos de una lata de caviar. El desprecio por las personas que sufren la pobreza no puede ser más explícito. Es el imperio del Big Pharma.

Pero no todo el monte es orégano. Existen diferencias dentro de un sector con estrategias diferentes para ganar el dinero a expuertas: unas, las más poderosas, invierten en I+D y se dedican a registrar patentes, y el resto se lucra a base de copiar las moléculas —principios activos— que ya no están protegidas legalmente y que, curiosamente, cada vez son menos. ¿Por qué? Porque solo interesa investigar lo que es rentable.

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Como se puede imaginar el lector patentistas y emuladores son uno competencia del otro. El más poderoso tiene sus mañas para hacer valer sus intereses y ataca con un despliegue de acciones para evitar o retrasar la llegada al mercado de medicamentos genéricos. Las estrategias que utilizan las propietarias de patentes para ello son variadas siendo las más utilizadas las marañas de patentes, la perpetuación de las mismas a través de mecanismos legales, el hostigamiento jurídico, influir en la administración a través de la manipulación de los precios o el reembolso de medicamentos, además de la publicidad desleal.

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La práctica de la medicina y el arte de aliviar el sufrimiento de los seres humanos no es comparable a la fabricación de una bombilla ni al de la prestación de servicios como el de una cafetería. No parece de recibo que medicamentos que pueden dispensarse a personas enfermas en tratamientos que cuestan cincuenta euros al año tangan que ser comprados por dos mil a las propietarias de las patentes. Como se vio en el caso Gleevec (medicamento contra un tipo de cáncer comercializado por una multinacional suiza), aunque la reducción en el precio de este medicamento sea sustancial —de 27.000 dólares a 2.700— su adquisición es inviable para los pobres de solemnidad. Algunas farmaceuticas lavan su imagen dedicándose a la caridad pero no es suficiente. El siguiente documental, Fuego en la sangre, es un magnífico ejemplo de toda esta controversia.

Sudáfrica se ha propuesto seguir la vía india para combatir el problema del acceso a medicamentos para tratar el SIDA, una enfermedad que sufre la población de este país de forma severa. La respuesta de la industria farmaceutica, en forma del lobby IPASA, no se hizo esperar gestando un plan de acción contra la intención del estado sudafricano, que con buen criterio se agarró  a la Declaración de Doha (avalada por la Organización Mundial del Comercio) para promover el acceso de los medicamentos entre los enfermos sin recursos. El informe filtrado por la prensa del país.

La Health Action International (HAI) Europe crítica en un documento que elaboró en el año 2012 (y traducido por la Fundación Salud por Derecho) que la industria farmaceutica persigue unos objetivos distintos de los de aliviar o erradicar el sufrimiento humano:

“Existen sólidas evidencias de que la investigación, el desarrollo y la producción de nuevos medicamentos no suelen estar orientados por las exigencias de salud pública, sino por las demandas del mercado y el beneficio económico de las empresas que desarrollan y comercializan los medicamentos. Muchas voces cualificadas apuntan al fracaso de la innovación médica en la mayoría de sus objetivos puesto que es muy cara, ineficiente y opaca”.

En el informe se explica que la investigación médica está supeditada a la consecución de derechos de propiedad intelectual señalando al actual modelo monopolístico de la patente en el que, supuestamente, el innovador recupera los costes de la I+D a través de precios altos que puede fijar al estar su producto protegido contra los competidores. De la necesidad de la población, dice el documento, se ha pasado al marketing como estrategia para decidir qué nuevos medicamentos producir.

La cuestión es que bastante de esa investigación e innovación privada está financiada con fondos públicos, además de recursos humanos, caso de las personas que participan en los ensayos clínicos, que acceden a estas investigaciones gracias a su relación con el sistema público de sanidad. En la actualidad, según el estudio, son más de dos mil millones de personas en el mundo que carecen de recursos para acceder a medicamentos esenciales, a los que, según el jerifalte de Bayer, no tienen derecho. La solución pasaría, según la HAI, por desvincular los costes de I+D de los precios de los medicamentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que no quiere meterse en lios, aplazó hace dos años esta cuestión para tratarla durante el año 2016. Ya veremos.

Las propuestas de la HAI se basan en una lógica familiar para cualquier inversor: si yo arriesgo capital, yo me llevo las plusvalías. En el caso que nos ocupa, si un estado o la Unión Europea realiza inversiones e innovacioness en salud —con el dinero de los contribuyentes, claro está— los resultados deben revertir sobre los inversores y, además, acceder de forma asequible a sus beneficios. El citado colectivo propone un modelo de investigación e innovación denominado open source, de los que se derivan la ciencia abierta y la medicina abierta que propugnan compartir el conocimiento en lugar de encorsetarlo en las restrictivas figuras de la propiedad intelectual.

Precisamente, la Unión Europea, en el marco del programa de inversiones en investigación y desarrollo —Horizonte 2020— pone el acento en otro de los problemas que rodea a todo este asunto: la investigación. Un modelo abierto, con financiación procedente de los bolsillos de todos los ciudadanos europeos, que requiere de total transparencia por parte de los investigadores para aprovechar al máximo su actividad, los datos son el nuevo petróleo, dice Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea de cuya libre difusión se pueden beneficiar empresas de todo tamaño, competir y bajar los precios. Según un estudio citado aquí, sólo el 25% de los investigadores comparte los detalles de su trabajo.

En fin, veremos cuántos datos producen 87.000 millones de euros para beneficio de los europeos de la Unión. Existe un precedente en Estados Unidos ya que en 2007 se puso en marcha una medida similar, firmada por G. Bush posiblemente (es una interpretación mía) después de saber que el 60% de las bancarrotas de las familias de este país estuvieron originadas por deudas sanitarias. No he podido encontrar datos más actuales para extraer conclusiones sobre los resultados de esta medida pero la falta de éstos me invita a ser pesimista.

Acabo con las palabras del doctor en Medicina, el ugandés Peter Mugyenyi, interviniente en el documental que he insertado más arriba y que trabaja en Kampala:

“Hemos descubierto tantas cosas en el mundo que es nuestra obligación descubrir la fórmula con la que los negocios puedan continuar y prosperar y los pobres no tengan que pagar el precio por consumir”

 

¿Smartphone o coche?

Leo en un artículo que la población juvenil prefiere las tabletas y smartphones a los coches. Dice, además, que los símbolos de una generación se definen bajo la premisa de eludir cargas pesadas y que, por tanto, el estatus pasará a medirse de otra forma, ¿los dispositivos inteligentes? No creo. Se trata, sin embargo, del reflejo de dos momentos históricos distintos donde el coche y el computador tienen significados diferentes en nuestra vida cotidiana.

La última Feria Internacional de Electrónica de Consumo (CES) celebrada en Las Vegas (Nevada, EE.UU.), será recordada por un concepto que vamos a escuchar hasta aburrirnos: el internet de las cosas. En pocos años, el slogan ponga un sensor en su vida nos parecerá desfasado, demodé y trasnochado. Electrodomésticos, prendas de vestir, artilugios aplicables a los alimentos o a nuestra liturgia de aseo personal —entre otros muchos aspectos de la vida cotidiana— servirán para captar de forma prácticamente invisible una constelación de datos hasta ahora nunca imaginados sobre nosotros mismos y lo que hacemos. El quantified self —o la cuantificación de uno mismo— de la que habla el profesor de la IE Bussines School, Enrique Dans, es una tendencia en la actualidad que pasará a convertirse en una actividad de lo más normal.

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Para muestra un botón: muchos de los que salimos a correr por las mañanas, tardes o noches llevamos un teléfono que cuenta la distancia que corremos, el desnivel acumulado del territorio, la calorías consumidas, el registro de la frecuencia cardiaca, un mapa con le recorrido realizado, etc. Además, podemos realizar planes de entrenamiento para preparar competiciones o reducir peso, entre otras cosas. Y esto lo hacen smartphones que cuestan 100 euros. Sin hablar de los últimos ingenios: unas lentillas que nos indican el nivel de glucosa en sangre o realizar análisis de sangre sin extracción. De todo se encargan los sensores.

Y esto es posible gracias a las tecnologías de la comunicaciones y la generalización de la conectividad. Según los datos de los que ya disponemos, estar conectados a algo es la generalidad y no lo que parece una obsesión de, relativamente, unos pocos. De hecho, en España la mitad de nosotros ha estado conectado a internet, al menos a través de su smartphone, en el último año, lo que supone 700.000 usuarios de la red más que en 2012. Con cerca de 19 millones de ciudadanos de este país usando internet todos los días, debemos decir que conectarse es mucho más que una moda. Para rematar el escenario, el incremento de la banda ancha movil (para smartphones y tabletas) sigue ganando adeptos en detrimento de la banda ancha fija (que usan ordenadores y portátiles), todos los datos citados de acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Telefónica, La sociedad de la información en España 2013.

El coche es un elementspain-car-market-by-segments-2012o que simbolizó durante poco más de medio siglo una forma de vivir, unos valores impuestos por un modelo de acumulación capitalista basado en el consumo generalizado, en el trabajo para toda la vida, el vehículo como elemento de estatus fácilmente identificable y que hacía visible, a su vez, un sistema de estratificación social, el resumen visual del ‘american way of life’, de las aspiraciones de la familia nuclear, de la libertad y del individualismo al alcance de todos. Como prueba de ello, los propios vehículos se clasifican en tamaños, prestaciones y elementos de diseño diferenciadores dividos en segmentos que van desde el ‘A’ —utilitarios urbanos, los más básicos, sencillos y baratos— al ‘F’ que corresponde a la mitificada gama alta.

Las cifras que cita el artículo con el que he comenzado esta entrada son significativas. El número de conductores jóvenes disminuye, en Estados Unidos también. En cambio, aumentan los que usan transportes colectivos. ¿La crisis? Seguro, y también las pocas ganas de sufrir la carga económica de cuotas bancarias y reparaciones que esperan a la vuelta de la esquina. La individualidad seguirá siendo un valor, basada en la acentuación de la racionalidad, el quantified self es una prueba de ello. Otro valor indiscutible como la libertad adquiere nuevos matices como la autonomía, la seguridad y la privacidad.

El coche no va a morir, seguirá siendo una herramienta importante. Simplemente, pierde centralidad como elemento definidor del status. El espacio y el tiempo se separán gracias a las nuevas tecnologías, como dijo Giddens en Vivir en una sociedad post-tradicional. El coche ya no es esencial puesto que ya no es imprescindible estar en ningún sitio concreto para hacerlo todo. La globalización es la consecuencia, como también dijo el sociologo británico, de los cambios en el capitalismo y la sociedad.

De esta forma, de un sistema estratificado, con el coche como exponente principal, estamos pasando a otro en el que la red se hace visible y toma relevancia, el smartphone puede ser un buen representante de esta nueva etapa. Pasamos de una estructura vertical, estática y ordenada a otra de tipo horizontal y dinámica que no sólo conecta a personas, también al resto de seres vivos no humanos y al medioambiente. Una red de relaciones —conexiones— desigual y desequilibrada que redefine la perspectiva que tenemos de todo. Debemos redefinir el concepto de poder y sus manifestaciones, y con ellos las ideologías y las propuestas para alcanzar el bienestar de las sociedades. Vuelve a haber mucho trabajo por hacer, hay que construir un nuevo paradigma.

 

 

 

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