Contraponiendo etiquetas

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Uno de los objetivos de la publicidad es dejar huella. Por definición. El anuncio que no se recuerda no ha cumplido con su función. Quien se dedica a hacer propaganda -me refiero al que tiene la idea, no al que la paga- utiliza diferentes recursos para conseguir llegar al público objetivo. La fórmula para hacer inmortal el mensaje y, por tanto, el producto que se intenta vender.

Uno de los recursos de manual durante estas fechas es el transmitir, a través de imágenes y textos, valores como la concordia, el buen rollo pasteloso y el fraternal entendimiento ñoño y cursi. Al fin y al cabo, eso es la Navidad, según los centros comerciales y nuestra abuela. Pues bien, hoy me he tenido que tragar un anuncio que ha cumplido su función, al menos conmigo: no me ha dejado indiferente. Es más, he sentido que me toman el pelo.

La ordenante del espacio publicitario es una empresa cárnica que goza de gran popularidad. El lector/a lo reconocerá porque se pasa los cuatro minutos que dura la pieza contraponiendo etiquetas que identifican a otras tantas personas: rojo/fascista; antitaurino/taurino; antidisturbios/manifestante; carnívoro/vegetariano; bético/sevillista; casta/podemita; ateo/creyente y, esta es buena, españolista/independentista.

Y sí, es una tomadura de pelo en toda regla. Es como si en lugar de publicistas, los de la cárnica hubiesen contratado a cualquiera de los contertulios que tiene el PP de gira por las televisiones, radios y periódicos. Al final, solo es cuestión de buena voluntad que los demócratas se avengan a razones con los que derrocaron un régimen democrático, que los nacionalistas periféricos reconozcan su maldad ante los defensores de una patria única, grande y libre o que las desigualdades se solucionen retozando en la cama.

Es lo que tienen los poderes fácticos: no se paran ante nada ni nadie. Aunque, creo que sí les ha dado miedo aleccionarnos sobre otra contraposición de etiquetas que están construyendo a conciencia: la bipolaridad feminismo/machismo. La lección moralizadora sería la misma de siempre: los extremos son malos. Lo normal, lo virtuoso, es estar en medio, ser moderado.

Sin embargo, tengo un anuncio favorito para esta Navidad. Es el que nos invita a adquirir un sentador de madres. El spot lo podéis ver al inicio de esta entrada.

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Tan real como la vida misma

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portada tesis (2)Un año más, viviendo nuevas experiencias. Excitantes retos que llegan. Hoy es un día especial, como lo ha sido este año que estamos dejando. Cambios laborales y un objetivo personal alcanzado. La vida, mientras la salud lo permita, es una interminable sucesión de metas. Una vez alcanzadas unas, llegan otras que no son posibles sin las anteriores.

Después de un año en el que casi no he visto la calle, he terminado la tesis doctoral. Estoy contento, ha sido duro. No espero más recompensa que la satisfacción personal. Es verdad que desearía sacarle partido. Me gusta investigar, me interesa profundamente el tema en el que he trabajado —la democracia— y quiero saber más. Pero sólo el tiempo dirá si es posible.

Comenzar la tesis doctoral y terminarla no ha sido sencillo para mi. Podría decir que el tiempo dedicado al trabajo es un obstáculo, que la propia vida es un impedimento para avanzar con mayor rapidez. No es así, es un aprendizaje que, en mi caso, ha llevado mucho tiempo. Nunca pensé en abandonar pero si que he dado muchos rodeos.

En mis primeras intentonas quise que la tesis fuera la investigación de mi vida. Después, que fuese innovadora, original, lo nunca visto. Leí mucho, empleé mucho tiempo e ilusiones. También muchas decepciones, incluso estrés y ansiedad. Recibí buenos consejos. Los necesitaba. Son necesarios para identificar mis limitaciones y aprender a aceptarlas.

A pesar de todo, no recuerdo haber pensado un solo día en dejarlo. Orgullo, cabezonería, obstinación… seguro. También las ganas de acabar con lo empezado, de reafirmar el ego que todos tenemos. Quizá una manera de demostrarme que me gusta ser yo mismo.

No puedo olvidar a las personas que me han apoyado siempre. En este y en otros proyectos. Mi padre, Liberto, y mi madre, Loli. Estoy muy orgulloso de ellos, me han ayudado en todo lo que me he propuesto porque simplemente pensaban, sin saberlo con certeza, que el resultado sería bueno para mi. Simplemente porque yo se lo decía. Mis hermanos —Javier e Irene— también han creído en mi. Qué más se puede pedir.

Marta, mi mujer, además de su sentimiento, ha puesto su viva inteligencia en esta tesis. Es cierto que la he empezado y la he terminado yo. Sin embargo, ella le ha puesto el alma a la investigación. Y el color. Hemos debatido, discutido y combatido, sobre múltiples aspectos de la vida. Lo ha hecho sin complejos, con seny y con pasión, y me ha ayudado más de lo que cree a trabajar en este proyecto. Desde luego, sin ella, esta tesis no hubiera sido así.

Mi compañero, colega, y sin embargo amigo, Caco, me dio el último empujón. También le debo mucho. Es una persona que se preocupa por sus amigos, y por ello sé que lo es de mi. Ha sido el director de este proyecto. Me ha dado buenos consejos, expertos e inteligentes, y con su ayuda llegué a la meta. Tampoco puedo olvidar a Juan y a María, siempre pendientes e interesados en la marcha del proyecto. Ni a Manolo, que se doctorará quince días antes que yo. Estoy muy orgulloso de ellos.

También quiero tener unas palabras de agradecimiento hacia otro buen amigo mío, José Tomás. El mundo de los adultos es injusto. Con él me regodeé en la imaginación sociológica, cómo nos gustaba esto. Fue el primer director de tesis que tuve. No funcioné bien con él. Pero fue el primero en darme buenos consejos.

2016 se presenta apasionante. Espero seguir contándolo en este blog. Ese es mi propósito. Nunca se me ha pasado por la cabeza dejarlo.