China y el calentamiento global o la resistencia al cambio

Leo un curioso artículo sobre algunas de las consecuencias que el cambio climático puede tener para la distribución de la población en el mundo y la producción económica. Es intersante pero como todo lo que tienen que ver con descripciones del futuro, no pasa del terreno de la especulación, por muy racional que sea, que lo es. Pero lo más llamativo es la tesis que propone: el cambio climático puede ser malo (nefasto, mejor dicho) para unos pero una excelente oportunidad para seguir acumulando riqueza —en términos económicos, claro— para otros.

Un posible incremento entre 4ºC y 8ºC de la temperatura en los dos próximos siglos, tal y como apunta el autor de la entrada, haría cambiar de forma sensible el panorma tal y como lo conocemos, ya sea por el incremento del nivel del mar producido por el deshielo, ya sea por los cambios en la producción agrícola que conllevará.

En el lado negativo: conflictos derivados de los movimientos migratorios a los que cada vez se les pondrán más trabas acentuando la impermeabilidad selectiva de las líneas fronterizas en función del color o del peso corporal de los individuos, así como de las alteraciones en el ecosistema ya de sobra conocidas por todos. En el lado menos malo, según el artículo: como se espera un desplazamiento de 1.000 kilómetros de la actividad agrícola hacia el norte, este hecho permitiría que, por ejemplo, la superficie agrícola de Siberia vea doblar su actual producción.

Otro ejemplo de este último tipo de derivaciones: la aparición de la ruta del Ártico o la Vía marítima de oro del Ártico (Arctic Golden Waterway). El deshielo en esta región del planeta ha abierto una nueva vía de navegación (en el mapa, la línea roja) que beneficiará a los industrializados países asiáticos en los intercambios comerciales, especialmente a China.

20130812-153912Parece ser, según apuntan en este artículo, que todo son ventajas con respecto a la ruta convencional (línea negra discontinua) que transita por el Estrecho de Malaca (Indonesia, Malasia y Singapur) y el Canal de Suez (Egipto) para llegar a Europa con numerosos inconvenientes para la navegación comercial como la piratería, riesgos de colisión en los estrechos y aguas superficiales, a los que hay que añadir los problemas de visibilidad que sufren quienes deben comandar los barcos a causa de los incendios en territorios próximos. Canadienses y rusos podrían ser un excelente socio de los países asiáticos exportadores, tal y como se apunta al final de dicho artículo.

artico_navegableChina, según los datos que ofrece el diario El Mundo, es el principal país emisor de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que contribuyen al calentamiento global. Hacer de su tejido industrial un sistema menos contaminante puede costarle bastante dinero. Dejar las cosas como están puede serles mucho más beneficioso y aprovechar lucrativas oportunidades. Puestos en ese plan, la costa mediterránea de España con una subida de la temperatura de cuatro a ocho grados bien podría ser la playa del mundo en invierno y la meseta interior un gigantesco casino en medio del desierto en verano.

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¿Smartphone o coche?

Leo en un artículo que la población juvenil prefiere las tabletas y smartphones a los coches. Dice, además, que los símbolos de una generación se definen bajo la premisa de eludir cargas pesadas y que, por tanto, el estatus pasará a medirse de otra forma, ¿los dispositivos inteligentes? No creo. Se trata, sin embargo, del reflejo de dos momentos históricos distintos donde el coche y el computador tienen significados diferentes en nuestra vida cotidiana.

La última Feria Internacional de Electrónica de Consumo (CES) celebrada en Las Vegas (Nevada, EE.UU.), será recordada por un concepto que vamos a escuchar hasta aburrirnos: el internet de las cosas. En pocos años, el slogan ponga un sensor en su vida nos parecerá desfasado, demodé y trasnochado. Electrodomésticos, prendas de vestir, artilugios aplicables a los alimentos o a nuestra liturgia de aseo personal —entre otros muchos aspectos de la vida cotidiana— servirán para captar de forma prácticamente invisible una constelación de datos hasta ahora nunca imaginados sobre nosotros mismos y lo que hacemos. El quantified self —o la cuantificación de uno mismo— de la que habla el profesor de la IE Bussines School, Enrique Dans, es una tendencia en la actualidad que pasará a convertirse en una actividad de lo más normal.

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Para muestra un botón: muchos de los que salimos a correr por las mañanas, tardes o noches llevamos un teléfono que cuenta la distancia que corremos, el desnivel acumulado del territorio, la calorías consumidas, el registro de la frecuencia cardiaca, un mapa con le recorrido realizado, etc. Además, podemos realizar planes de entrenamiento para preparar competiciones o reducir peso, entre otras cosas. Y esto lo hacen smartphones que cuestan 100 euros. Sin hablar de los últimos ingenios: unas lentillas que nos indican el nivel de glucosa en sangre o realizar análisis de sangre sin extracción. De todo se encargan los sensores.

Y esto es posible gracias a las tecnologías de la comunicaciones y la generalización de la conectividad. Según los datos de los que ya disponemos, estar conectados a algo es la generalidad y no lo que parece una obsesión de, relativamente, unos pocos. De hecho, en España la mitad de nosotros ha estado conectado a internet, al menos a través de su smartphone, en el último año, lo que supone 700.000 usuarios de la red más que en 2012. Con cerca de 19 millones de ciudadanos de este país usando internet todos los días, debemos decir que conectarse es mucho más que una moda. Para rematar el escenario, el incremento de la banda ancha movil (para smartphones y tabletas) sigue ganando adeptos en detrimento de la banda ancha fija (que usan ordenadores y portátiles), todos los datos citados de acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Telefónica, La sociedad de la información en España 2013.

El coche es un elementspain-car-market-by-segments-2012o que simbolizó durante poco más de medio siglo una forma de vivir, unos valores impuestos por un modelo de acumulación capitalista basado en el consumo generalizado, en el trabajo para toda la vida, el vehículo como elemento de estatus fácilmente identificable y que hacía visible, a su vez, un sistema de estratificación social, el resumen visual del ‘american way of life’, de las aspiraciones de la familia nuclear, de la libertad y del individualismo al alcance de todos. Como prueba de ello, los propios vehículos se clasifican en tamaños, prestaciones y elementos de diseño diferenciadores dividos en segmentos que van desde el ‘A’ —utilitarios urbanos, los más básicos, sencillos y baratos— al ‘F’ que corresponde a la mitificada gama alta.

Las cifras que cita el artículo con el que he comenzado esta entrada son significativas. El número de conductores jóvenes disminuye, en Estados Unidos también. En cambio, aumentan los que usan transportes colectivos. ¿La crisis? Seguro, y también las pocas ganas de sufrir la carga económica de cuotas bancarias y reparaciones que esperan a la vuelta de la esquina. La individualidad seguirá siendo un valor, basada en la acentuación de la racionalidad, el quantified self es una prueba de ello. Otro valor indiscutible como la libertad adquiere nuevos matices como la autonomía, la seguridad y la privacidad.

El coche no va a morir, seguirá siendo una herramienta importante. Simplemente, pierde centralidad como elemento definidor del status. El espacio y el tiempo se separán gracias a las nuevas tecnologías, como dijo Giddens en Vivir en una sociedad post-tradicional. El coche ya no es esencial puesto que ya no es imprescindible estar en ningún sitio concreto para hacerlo todo. La globalización es la consecuencia, como también dijo el sociologo británico, de los cambios en el capitalismo y la sociedad.

De esta forma, de un sistema estratificado, con el coche como exponente principal, estamos pasando a otro en el que la red se hace visible y toma relevancia, el smartphone puede ser un buen representante de esta nueva etapa. Pasamos de una estructura vertical, estática y ordenada a otra de tipo horizontal y dinámica que no sólo conecta a personas, también al resto de seres vivos no humanos y al medioambiente. Una red de relaciones —conexiones— desigual y desequilibrada que redefine la perspectiva que tenemos de todo. Debemos redefinir el concepto de poder y sus manifestaciones, y con ellos las ideologías y las propuestas para alcanzar el bienestar de las sociedades. Vuelve a haber mucho trabajo por hacer, hay que construir un nuevo paradigma.

 

 

 

Gobernar 2.0, ¿escuchar y no mandar?

La-Escucha-Activa-y-La-Conciencia-Plena-ComunicativaLos tiempos están cambiando y lo están cambiando todo. Leo en una entrada de Enrique Dans, popular divulgador de asuntos de tecnología en medios de comunicación social, que la todopoderosa Microsoft ha tenido que dar marcha atrás en las limitaciones que imponía a los potenciales clientes de su nueva videoconsola. Unas restricciones que tenían como objetivo salvaguardar los intereses de las empresas que venden videojuegos.

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Exhuberancia colectiva

Leo que una familia residente en Alemania ha alcanzado la fama por sobrevivir nutriéndose exclusivamente de alimentos que rescatan de la basura. Pero no se vayan a creer que comen desperdicios cualesquiera, se trata de desechos ecológicos, excedentes que supeficies de distribución dedicadas a la venta de productos naturales y agricultura ecológica. Sigue leyendo