socioIndulgencia

Desconozco si en otras partes del mundo es así, pero siempre tenemos una excusa para regodearnos en el arte de la comprensión de las faltas ajenas. Ayer hablaba con un responsable de la policía de una pequeña localidad y comentábamos un incidente, un simple hurto en un supermercado protagonizado por un inmigrante, que rápidamente justificó: estas cosas tienen que pasar, la gente tiene hambre. También escuché antes de ayer en la radio como un tertuliano se mostraba comprensivo con la pasividad occidental ante la trayectoria histórica del genocida de Gadafi, “es normal, dependemos de su petróleo”, sus compañeros de conversación le apoyaron. La acusación de corrupción que pende sobre el President Camps tampoco se ha escapado a esta tendencia generalizada, “cómo pueden sentar en un banquillo a todo un Molt Honorable por unos trajes”. Y así podríamos seguir por los tiempos de los tiempos elaborando una lista que no tendría fin.

Ser indulgente tiene sus ventajas: reducimos el conflicto, nos mantiene moderados y reprimimos emociones como la ira, todo lo que supondría romper un pacto social. Pero también tiene sus inconvenientes. Lejos de reparar el vínculo quebrantado, redefinimos sus límites continuamente. Legitimar los efectos de la pobreza, el instinto asesino de un gobernante, la conducta inmoral de nuestros representantes políticos, entre otros muchos casos, no es la vía para vivir en un mundo mejor.

La fuerza centrífuga

Un sociólogo, Eduardo Bericat, publicó en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS) un artículo en el que exponía una curiosa teoría de las sociedades. En dicha aportación el científico ponía de manifiesto el carácter central de los valores y las ideas en la gestión del cambio en las poblaciones. Bericat las dividía en sociedades centrípetas y sociedades centrífugas, en ambos casos está en juego el modo en el que los integrantes de una sociedad legitiman la realidad de su vida, con las instituciones en que se ordena la misma incluidas.

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Cuestión de espacio

Según comentan los medios de comunicación, la reforma del nuevo código penal desembocará en la puesta en libertad de un número nada despreciable de encarcelados y encarceladas. Al mismo tiempo, el nuevo texto propone nuevas figuras delictivas, entre ellas, las que tienen que ver con algunas actividades en la red de redes como, por ejemplo, los ataques informáticos.

Nuevos delitos, nuevos malhechores, nuevas necesidades de espacio en las prisiones españolas. Pero no nos olvidemos de los antiguos. Un mandarín de la multinacional ¿española? de las telecomunicaciones, al parecer, se ha librado de pasar un tiempo a la sombra por mor de un elemento técnico de la normativa: prescripción del delito. Como dice el artículo periodístico, el juez reconoce que este hombre violó la Ley y se va a ir de rositas. Que quede claro.

La vida es una noria

Vivimos en el mundo de las terapias. O mejor dicho, la vida es una terapia en sí misma. La existencia es imperfecta aunque hay una receta para remediar el mal. Cualquiera de nosotros puede llegar a ser lo que nuestras capacidades innatas nos tienen guardado —seres felices que comen perdices— y que las vicisitudes de la vida se han encargado de cercenar. Sigue leyendo

Nueva patada al diccionario

Que una acción o un hecho resulte impopular significa que, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, no es grato al pueblo o a una parte importante de él. Subir los impuestos a los que más tienen o, dicho de otra forma más coloquial, a los ricos, no puede ser nunca impopular, tal y como dijo en una ocasión el presidente de Catalunya. Este hombre, diciendo esas cosas, demuestra no conocer el castellano, o no está capacitado para ser político puesto que adolece de una virtud esencial para tal dedicación: sensibilidad ante las demandas de sus gobernados.

Como en el caso del recorte de sueldo a los funcionarios para reducir el deficit de las cuentas del Estado, tampoco fue impopular, pudo ser injusto -que lo fue-, pero nunca impopular. Que los ricos paguen más impuestos que los que no tienen tanto dinero, no es injusto ni impopular. Si que lo fue, injusto e impopular, crear una figura como las Sicav, donde fueron a parar numerosas fortunas para favorecerse de un trato fiscal desproporcionado para con el interés general.

Y la izquierda pierde el tiempo buscando nuevo nombre

Un artículo publicado en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas, y reflejado de otra manera en un diario estatal, demuestra que el Estado Español poco ha hecho en los últimos cincuenta años por la población ajena al poder. Lo mismo se puede decir en el resto de Europa y en Estados Unidos donde en una publicación en francés se habla de la destrucción a una velocidad escalofriante de la clase media, un estrato de la población que siempre ha representado la buena salud de la sociedad consumista pero que en el momento de la verdad ha quedado patente su imposibilidad de influir en la toma de decisiones políticas.

La izquierda política en pleno proceso mercadotécnico para mostrarse como el mismo perro pero con distinto collar parece que se empeña en seguir poniendo parches en lugar de trabajar por transferir poder de arriba a abajo. Si tuviesen un mínimo de interés en hacer algo por los demás, en lugar de por si mismos, estarían en la puerta de los ayuntamientos pidiendo más participación, más democracia, más poder para los desempoderados.

Los toros y la globalización (I)

¿El mundo del toreo está en entredicho por culpa de la globalización? Buena pregunta para el Jesulín y para cualquiera. De todas formas, los habitantes de Ubrique, entre ellos el mismísimo matador, sí que saben qué es un bazar chino ya que se han hecho muy populares porque venden muchas cosas a precios más bajos que en otros comercios que se dedican a lo mismo aunque sean blancos quienes los atienden.

Todo tiene su lógica, los productos made in China son más baratos porque el coste de manufacturación es barato, más que si los fabricase un español o un chino en Ubrique, o en cualquier parte de Europa, es fácil de entender como también lo es el papel de los estados en este juego. El costo que supone un trabajador para la empresa en España o China depende de la legislación laboral. Y digo gasto porque el Estado hace leyes y normas en función de los intereses de los empresarios más poderosos y los consumidores —la figura por la cual el gasto se transforma en ingreso—. Es poco frecuente ver un gesto para con los débiles y cuando se produce es para poner parches —políticas socialdemócratas—, no para repartir poder. Los trabajadores las pasan canutas en cualquier parte del mundo, ya sea en una democracia avanzada, ya sea en una dictadura comunista, tal y como demuestra los casos reiterados de suicidios de empleados tanto en una empresa ubicada en Francia como en otra situada en China.

Esta fotografía no corresponde a un circo callejero, no es una red para proteger a caprichosos y creativos funambulistas de cualquier parte del mundo durante su actuación, por ejemplo, en el festival de las artes escénicas de Edimburgo, Reino Unido. Es una malla instalada por la dirección de una empresa situada en China para evitar que los intentos de suicidio de sus empleados se transformen en muertes. En la última tentativa protagonizada por una joven asalariada no lo pudieron conseguir. Esto ha servido para que dicha mercantil, que se dedica a fabricar componentes electrónicos para los aparatitos de la manzanita tecnológica le suba el sueldo a sus empleados, a modo de espacio publicitario en los medios de comunicación de todo el mundo. Como podemos ver, la empresa de marras no ha cuidado tanto en el diseño de la red —podría ser perfectamente la de un maloliente pescador— como en sus superteléfonos, las bellas tabletas, los anoréxicos portátiles o esas piezas de museo que son sus ordenadores. Foto firmada por Gizmodo.

A mal tiempo, buena cara

Echarle la culpa al tiempo es como echarle en cara al árbitro la derrota de nuestro equipo de fútbol. Cuando las cosas no nos salen como queremos, algo o alguien tiene que pagar por ello. Y si los culpabilizados no tienen oportunidad de defenderse, más adecuados al puesto son. Los popularmente reconocidos como jueces de la contienda tienen prohibido replicar cualquier tipo de carga que se les adjudique; la climatología, sencillamente, no tiene boca.

El presidente de la asociación nacional de heladeros está descontento con la pasada primavera porque nos ha traído un mes de junio más frío de lo acostumbrado, según su sensibilidad con respecto a las circunstancias climatológicas que, por lo que parece, no está en su cuerpo sino en su bolsillo. El heladero tampoco está contento cuando llega el calor sofocante, en este caso le echa la culpa a los aparatos de aire acodicionado: según él, la gente prefiere quedarse en su casa a la fresca en vez de salir a las terrazas veraniegas para consumir.

El caso es distraer la atención sobre el hecho central que debe explicar mejor el bajón en las ventas -o facturación, no queda claro por parte del que firma el artículo- de helados ya que a lo que el heladero llama un producto barato es posible que no lo sea tanto. Sin ir más lejos: el domingo pasado me cobraron poco más de tres euros -500 pesetas, que se dice pronto- por tomarme un café granizado culminado con una bola de helado sabor a nata. Eso en pleno Paseo de La Explanada.

Crisis y nuevas estrategias en la búsqueda de empleo

Me cuenta una persona que se quedó en el paro allá por el mes de enero de este mismo año que su principal objetivo en la vida fue volver a encontrar trabajo. En su despliegue para alcanzar la meta, las empresas de trabajo temporal fueron su primer blanco. Con una carpeta llena de curriculums y un plano con la ubicación de cada ETT se dispuso a darle más trabajo a quienes atienden estos negocios y dejar su solicitud de empleo acompañada de su interesante experiencia laboral en cada punto señalado sobre el mapa.

Tras varias mañanas de ajetreo, es de agradecer que las ETTs en la capital de la Costa Blanca están muy próximas unas de otras, esta persona visitó un puñado de supermercados del empleo basura donde le hicieron, nada más entrar, la siguente pregunta: ¿tienes internet? A lo que respondió que “sí”. Pues nada, se podía haber ahorrado la peregrinación a la meca de las promotoras de la temporalidad y la precariedad laboral y haber realizado su solicitud a través de la red de redes.

Y es que como señalaba el periodista Ignacio Ramonet en La golosina visual hace unos años ya, las catastróficas y apocalípticas crisis económicas para muchos, por que lo dicen los políticos y los medios de comunicación, se tornan en benditas y oportunas para algunos magnates de la industria del audiovisual. Ramonet recuerda que en el crack bursátil del 29 que condujo a una profunda recesión económica a los Estados Unidos, sirvió de trampolín y empujón para la producción cinematográfica que en esos momentos vivió un salto tecnológico con las primeras producciones sonoras. Las fábricas estaban vacías pero los cines repletos de parados intentando olvidar sus penas.

Ahora ocurre algo parecido con internet: las obras y las oficinas están han reducido personal considerablemente o han echado el cierre pero los administrativos, albañiles, fontaneros y electricistas buscan trabajo frente al portátil. Es significativo, según un estudio realizado por la fundación de una operadora de telefonía móvil, que los mileuristas utilicen en mayor medida que el resto de la población internet para conseguir trabajo mientras olvidan sus penas. Y no es de extrañar, los ejecutivos de grandes empresas, como por ejemplo, los que montaron este guirigay económico-financiero o un controlador aereo, no piden trabajo en las ETTs ni tampoco tienen una pena tan grande.