Sobre la solidaridad entre especies y el buen vivir

040612

Me llega de un buen amigo un artículo1 que ha escrito recientemente sobre la solidaridad interespecies y la sastisfacción de sus necesidades básicas. En él, José Tomás, hace un pequeño esbozo sobre un concepto con raíces en el pacifismo, ambientalista y animalista que defiende el espirítu colaborador entre todos los seres vivos que habitan el planeta como forma de definir las relaciones entre los humanos y su entorno, lo que sería el buen vivir.

Dentro de ese marco de análisis de las relaciones inter-seres menciona un concepto, Paz Positiva, formulado hace casi veinte años por el pensador noruego Johan Galtung. El sociólogo define la Paz Positiva no como ausencia de conflicto sino como las relaciones de colaboración que garantizan el bienestar común y la construcción de estructuras pacíficas permanentes. Lo positivo significa aquí centrar el foco de la investigación en lo que funciona y está hecho para que sea así de manera perdurable en el tiempo.

También el psicólogo Martín Seligman incidió en esta perspectiva hace ya algunos unos años y sugirió que la psicología también debería prestar atención a aquellos comportamientos humanos que no suponen un problema, todo lo contrario, tales como la creatividad, la capacidad de sobreponerse a sucesos trágicos, el humor, etc. En pocas palabras: vamos a estudiar porqué una persona es feliz o goza de bienestar para saber tratar a otras que no lo son o previnir su infelicidad o malestar. Este sería el objeto de la psicología positiva.

El sociólogo Norbert Elias, a propósito de la violencia, también basó sus investigaciones en una premisa parecida: además de analizar qué elementos son causantes de un conflicto específico averigüemos también cómo y por qué una sociedad evita el uso de la violencia en su vida cotidiana. Sus estudios dieron lugar a la teoría del proceso de civilización. Un proceso que presentó como discontinúo y que contempla sus avances más decididos en situaciones de justicia y equidad pero que involuciona en contextos de desigualdad y pobreza. Tenemos excelentes ejemplos de esta situación en los sucesos de Burgos y Melilla.

Acudir a lo positivo para fijar referencias con las que trabajar, según nuestra historia como especie, es insuficiente. Como plantea el texto de partida, las experiencias de violencia que vivimos desde hace quinientos años no sólo atañen a las personas (ejercida o sufrida tanto a título individual como en nombre de una organización, colectivo o grupo) también al medio ambiente o a otros seres vivos no humanos que son explotados para favorecer el modelo de acumulación en el que se basa el desarrollo de nuestras sociedades.

Entre esos periodos históricos de referencia tenemos a la Europa occidental resultante tras el fin de la II Guerra Mundial y que abrió una etapa de paz, estabilidad, crecimiento y de reducción de la pobreza y de las desigualdades conocida con el nombre de la edad de oro del Estado del Bienestar. La primera crisis del petroleo de 1973 puso fin a este etapa e inició otra de involución en los indicadores anteriormente enumerados. De ser posible una repetición y expansión de este modelo, de la que el capital es un gran adversario, a la luz de lo expuesto seguiriamos teniendo un problema: dejamos fuera la cuestión de la explotación de la naturaleza y otros tipos de relaciones abusivas entre humanos como son el sexismo y el racismo. En definitiva, y como diría el profesor Tortosa, este modelo sería culpable de una situación de maldesarrollo como mal vivir.

Sin duda, los movimientos sociales son esenciales para la mejora de las condiciones de vida de la sociedad, tanto como la tecnología, la cualifacación del capital humano o el espíritu emprendedor. El movimiento obrero dio sus primeros pasos en el incio del segundo tercio del siglo XIX. Sus logros han sido evidentes aunque no suficientes para erradicar las relaciones de dominación entre personas. El movimiento ecologista tiene un recorrido aún menor en el tiempo. Aunque las primeras organizaciones dentro de este ámbito de actuación datan de finales del siglo XIX no es hasta los años 50 del siglo pasado cuando crece el número de sensibilidades y la población tiene la creencia de que es necesario proteger el medio ambiente porque también le va la vida en ello. Mucho trabajo no se ha podido hacer todavía.

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A día de hoy, definir el desarrollo en términos del buen vivir es tan necesario como ineludible emprender una acción intelectual en este sentido. El propio José Tomás, y también Tortosa, priorizan dentro de la estrategia de actuación la satisfacción de las necesidades básicas interespecies en este proceso. José Tomás encuentra la vía de la paz estructural como la única para asegurar la superviviencia moral del ser humano al igual que la material, identificando el buen vivir con calidad de vida, promoviendo una cultura de hacer las paces interespecies a la que Galtung alude en su obra. El sociólogo considera contar con una ética animal, ambientalista y ecofeminista que derribe la estructura de predación vigente.

Finalmente, el capital ha tirado por lo global para dominar también en lo local mientras que las perspectivas alternativas hacen hincapié en lo local para liberarse de las cadenas globlalizantes. Por otra parte, tenemos el proceso de construcción de una entidad supranacional, como la Unión Europea, en la onda de los movimientos globalizadores. Mi posición personal está acerca de la perspectiva intelectual de Jurgen Habermas y su defensa de una Europa democrática y participativa tal y como refleja en su ‘Crisis de la Unión Europea. Una respuesta‘. El sabio alemán incide en esta obra sobre la necesidad de construir una Europa y una identidad basada en la solidaridad, un valor que trascienda la noción de transculturalidad, que además, como José Tomás propone, sea interespecie y que contemple la dignidad, no sólo del ser humano como propone Habermas, también del medio ambiente y de todos los seres vivos no humanos. Es necesario para alcanzar un buen desarrollo y un buen vivir.

Nota al pie

1García García, J.T. (2012): ¿Es posible satisfacer las necesidades básicas interespecies? El aprendizaje intercultural de paz estructural no antropocéntrica. Pensamiento Actual, vol 12; nº 18-19. pag. 13-26.

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La desigualdad entre ricos y pobres en la Unión Europea

Un diario nacional publicó ayer un artículo que hace hincapié en un hecho que no pasa desapercibido para nadie y que lleva por título la desigualdad corroe el proyecto europeo. En el texto se hace referencia a un proceso del que se ha hablado mucho, además con datos que lo apoyan: en las última década los ricos han conseguido ser más ricos y los pobres más pobres, en este último caso no porque se lo hayan buscado.

El artículo señala que los países que sufren este proceso con mayor intensidad son los países del sur y este de Europa, así como, los bañados por el mar Báltico además del Reino Unido e Irlanda. Por el contrario, donde las diferencias entre ricos y pobres son menores figuran los centroeuropeos caso de los Países Bajos y Bélgica, los países nórdicos y en menor medida Francia, Alemania y Austria, tal y como se puede ver en el mapa de debajo ofrecido por Eurostat. La heterogeneidad, como se puede apreciar, es un hecho. Los países con el índice más bajo serían los que presentan menos diferencias de ingresos entre los que más tienen y los que menos.

coeficiente_gini_2012_union_europeaLa clasificación anterior supone una radiografía del estado actual de la situación de desigualdad en la Unión. La perspectiva dinámica también arroja momentos bien diferentes entre unos y otros. Las estadísticas confeccionadas por Eurostat dicen que si bien las diferencias entre los que más tienen y los que menos se agrandan en el caso de España o Grecia y, curiosamente, de Dinamarca y Suecia; las ricos y pobres en otros países ven reducida la separación entre ellos, como en el caso de los Países Bajos, Noruega, República Checa o Alemania aunque después de terminar con procesos al alza con los que despidieron la década pasada.

Las realidades que disfrutan y sufren en cada país son muy diferentes aunque podríamos agruparlas en seis tipos según la situación —desigualdad/equidad— y el proceso en el que se encuentran —hacia la desigualdad/estacionados/hacia la igualdad—. Los países desiguales son todos aquellos que tienen un Coeficiente de Gini mayor de 30,5 puntos  (es un límite arbitrario) según los datos del Eurostat citados anteriormente y los equitativos los que están por debajo de ese dato. Los que tienden hacia la igualdad son los que entre el año 2004 y el 2012 han visto reducido ese coeficiente; los estacionados los que permanecen idénticos este indicador en dicho periodo de tiempo (o las variaciones son de apenas décimas); y los que tienden a la desigualdad son los que han visto aumentado el Coeficiente de Gini en la última década.

clasificación_paises_union_europea_desigualdadNo es difícil hacerse una idea del panorama que se divisa en un futuro cercano. Las tendencias están claras. En el caso español, que es el que conozco mejor por motivos obvios, son particularmente negativas. La inercia en esta última década ha llevado a muchos países a mantenerse, unos cuantos, y a profundizar, muchos de ellos, en el camino de la desigualdad, con años de vacas gordas incluidas. Esperar una mejoría en un momento de recortes en la inversión en bienestar social o la reducción de salarios es una forma de negar las tendencias que tienen su raíz en momentos anteriores a la crisis.

En cuanto al proyecto europeo, la construcción de un verdadero supraestado, es un proceso que deambula sin rumbo definido debido a la heterogeneidad reinante. Hemos visto que existen, al menos, seis grandes situaciones que corresponden a otras tantas formas de entender la Unión Europea y lo que se espera de ella. De momento, el motor de este proceso de integración lo llevan ciertos partidos políticos situados en una tenúe izquierda con aires derechones y el centro-derecha, con liberales, socialdemócratas y democristianos como principales valedores y con excasas, o ninguna, ideas para solucionar el problema de la desigualdad que no sólo corroe al gran proyecto, también a las entrañas de cada sociedad.