Un diario español en su edición de ayer, insertaba en su versión digital una noticia, en apariencia, con sabor agridulce. El número de suicidios dobla al de los que murieron en las carreteras, según datos referidos al año 2009. Lo que no queda claro al leer la noticia es si hablamos de pocos decesos por accidente de tráfico o muchos por autoaniquilación. Las cosas de los periódicos, se realizan comparaciones sin venir a cuento, simplemente por llamar la atención.
Ya traté la cuestión del suicidio en alguna entrada anterior y por ello me voy a detener una vez más en este fenómeno de difícil clasificación. ¿El suicidio es social o se debe a una peculiaridad en la biología de nuestra mente?
El sociólogo Emile Durkheim lo tenía claro, el suicidio es un hecho social. La organización de la sociedad y la integración de los individuos en la misma son las variables que determinan los cuatro tipos de suicidio que diferenció el francés. Los psiquiatras parecen que han encontrado una pista: “en los últimos años se ha realizado un gran esfuerzo investigador para tratar de conocer los posibles biomarcadores de este comportamiento y los hallazgos más sólidos provienen de la presencia de niveles bajos de ácido 5-hidroxiindolacético, principal metabolito de la serotonina, en el líquido cefalorraquídeo“, explicó en el diario en cuestión el profesor José Giner, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental.
Se me ocurren varios casos de suicidio sobre los que reflexionar. El primero de ellos es el referido a los veintitantos trabajadores de la compañía francesa de telefonía que decidieron acabar con su vida en el año 2009. La mayor parte de ellos eran mandos intermedios en la compañía, de ningún modo de los empleados de menor cualificación. O el de aquellos hombres que acaban con su vida después de haber asesinado a sus parejas sentimentales. Tengo varios interrogantes al respecto. ¿Qué papel juega en la conducta suicida las diferencias de clase, etnia, sexo o nación, entre otras? En definitiva, ¿cómo influye la estructura del poder en este tipo de conductas en el individuo?
Manifiesto
“En defensa de los derechos fundamentales en internet”
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Ya tardaba en aparecer en la prensa algún dato curioso o excéntrico sobre la Navidad. Es una tradición en los medios de comunicación recordarnos que todos tenemos la obligación de ser un poco solidarios en estas fechas. Y es que la publicidad cree en la magia pero la ciencia no y en su incansable labor por conocer la Verdad duda de que un tacaño de pura cepa piense en desprenderse de alguna de sus posesiones por el mero hecho de mirar al calendario y comprobar que su vida transita por la segunda mitad del mes de diciembre.
Pues bien, un grupo de científicos pertenecientes a una universidad japonesa ha descubierto que nuestra capacidad para ser solidarios, o todo lo contrario, depende de la mayor o menor actividad de nuestra amígdala cerebral. El equipo investigador resume en su estudio que las personas individualistas (o egoistas, dicho de otra manera) respondería automáticamente a los estímulos externos de tal forma que tenderían a maximizar sus beneficios sin considerar en que situación quedarían quienes le rodean.
Según este estudio, el espiritu navideño no tendría ninguna posibilidad de vencer frente a la fuerza de la biología en el combate por conseguir unas fiestas de película. Pero también plantea una serie de interrogantes determinantes en la conducta humana, además de serias dudas en el papel que este pequeño saco de neuronas juega en la evolución de las sociedades.
En primer lugar, y a la luz de los datos que exponen los investigadores nipones, sería mucho más conveniente en aras del interés general que los políticos aportaran a la opinión pública una buena resonancia magnética de sus amígdalas en lugar de declarar cuáles son sus pertenencias. O también, ¿es posible que la única diferencia entre el igualitarista Karl Marx y el egoista Bernard Mandeville sea una cuestión de amígdalas? Además, estando la biología de por medio, ¿la proporción entre individuos solidarios/individualistas se reparte por igual por todo el planeta? ¿Este balance se ha mantenido invariable a lo largo de la historia en un grupo humano determinado?
Pues eso. Feliz Navidad.
Los teléfonos móviles pueden desaparecer en cinco años. La Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana ha tenido la feliz idea de enviarle a todos los padres y madres del alumnado de Eduación Primaria las calificaciones -las notas, para entendernos- de sus hijos e hijas a través de mensajes ¿cortos? al teléfono móvil. Además, si las multinacionales filandesas, japonesas, norteamericanas o coreanas no lo impiden, el mandarín del gobierno valenciano, que ha prometido la enseñanza del chino en las aulas, amenza con extender el sistema a la ESO. Dado que el fracaso escolar está ampliamente instalado en las familias españolas, y las valencianas en particular, con visos de quedarse por mucho tiempo, los protagonistas del desaguisado, es decir, los jovencitos, en lugar de aprenderse la tabla del nueve, se van a devanar los sesos urdiendo un plan para evitar que el maldito SMS llegue al terminal de sus padres y madres. Dos posibilidades: atentar contra las antenas de teléfonía móvil o hacer desaparecer los dichosos aparatitos. Venga, que va de coña, sólo he querido ser irónico. A todos los niños y niñas que van al colegio: la mejor forma de combatir a este nuevo enemigo es estudiar mucho. Esta es mi recomendación.
Pero los que no tengan muchas ganas de trabajar, si lo prefieren, pueden unirse en un colectivo con un acrónimo imponente, escribir un manifiesto y leerselo al conseller de turno en su casa. El panfleto podría titularse algo así como “el cateo es postcultura, la calabaza es empleo“. El texto podría referirse a la necesidad de hacer lo que sea necesario para preservar el fracaso escolar, que al fin y al cabo es un derecho. Qué va a ser de los jueces que sancionan las situaciones de quebranto de la autoridad del maestro; qué va a pasar con los filosofos y sociologos que ponen el grito en el cielo ante la pérdida de valores de los jóvenes; qué ocurrirá con los colegios privados que dejarán de recibir dinero del estado porque son la alternativa a la enseñanza pública, el camino católico más directo al éxito; qué futuro tienen los jóvenes universitarios que se sacan unas pelillas dando clases particulares a los cateadores con talento; qué será de los periódicos que nutren sus páginas de sucesos macabros para complementar sus opiniones tendenciosas sobre el decadente estado de la sociedad de la que los escolares son un producto; y qué me decis de los tertulianos y debatientes profesionales de los medios de comunicación que perderían un filón con este tema; y el colmo, qué sucederá con los reality shows de la TV en los que se trata de meter en vereda a los estudiantes descarriados a base de candela mercadotécnica y pseudo-rancia. La propuesta de los estudiantes sería la siguiente: subir el precio del SMS para disuadir a la administración autonómica de su uso. O que la operadora de telefonía, cada vez que detectara un envio desde la Conselleria, neutralizara la misiva electrónica.
Y es que de aquí a cinco años, todos calvos. Es la amenaza de titulares grandilocuentes y de quienes utilizan las palabras para presionar a un gobierno que se mueve al son de todos los lobbys de este país, que en estos tiempos de vacas flacas son más visibles que nunca.
La semana pasada, sin ir más lejos, se produjo una manifestación de los músicos profesionales de este país, esos que se pagan el sexo, la droga y el rock’n'roll con el dinero de los fanáticos. Dicen: “en cinco años esto desaparece. No habrá ni música ni canciones”. Parece el título de una canción que bien podría haber firmado cantautores setenteros como Patxi Andión, L.E. Aute, Raimón o Lluis Llach, sólo que ahora no existe un dictador pero si un Mercedes, un BMW, un Audi o un Jaguar que conservar. Aprovecho la ocasión para mencionar un proyecto de difusión a través de las ondas digitales de música libre, sin costes ni problemas, ni besugos. Música, al fin y al cabo, que te puede gustar o no, igual que la que hacen los que firmaron el manifiesto contra los piratas de internet.
Si, estereotipologías. Perdón por la palabrita. No la busqueis en ningún diccionario, ahorraos el esfuerzo, no forma parte del repertorio de la RAE. Pero vayamos por partes. Un estereotipo es un hecho social que consiste en formar ideas preconcebidas sobre una persona, un grupo u otros hechos sociales. Una tipología es otro hecho social, en ocasiones de naturaleza supuestamente científica. Sirven para establecer comparaciones entre grupos de personas que han sido reunidas al poner en relación un grupo de variables sociales, económicas, psicológicas, etc. Como bien me enseñaron en la Universidad, las tipologías no explican la realidad, pero ayudan a comprenderla.
Un estudio publicado recientemente que lleva por título en catalán Modelos educativos familiares en Catalunya, ha colaborado en confundir un poco más a los españoles y españolas, no sin la ayuda inestimable de las empresas de deformación de la opinión pública. Los autores y responsables del estudio advierten que las tipologías familiares resultantes del estudio podrían haber sido otras, de utilizar otras variables (of curse), pero el caso es que han creado las siguientes: familia progresista-extravertida; familia conservadora-intravertida; familia conflictiva; y familia convivencial-armónica. De esta clasificación me llama poderosamente la atención la primera y la última tipología. Vereis porqué (son estractos que corresponden al estudio original, está escrito en un ¡pésimo! catalán, pido un esfuerzo para su comprensión, es perfectamente inteligible):
Aquí hablan de la familia progresista-extravertida
“Aquest primer clúster compost pel 23,3% de les famílies catalanes amb criatures a l’ensenyament primari destaca perquè els pares i mares tenen el nivell educatiu, professional i econòmic més alt dels quatre que conformen aquesta tipologia. [...] Estem davant d’un model de família postmoderna, extravertida, amb valors d’acord amb el que s’anomena “progressisme”. [...] Són els qui més a l’esquerra política es posicionen i en un grau més elevat es diuen agnòstics, indiferents, no creients o ateus en matèria religiosa. [...] En comparació de la resta de ciutadans els components d’aquest col·lectiu justifiquen, en certa mesura, danyar el mobiliari urbà, fumar en llocs prohibits, comprar coses robades, etc., probablement com a conseqüència de certa permissivitat moral“.
Ahora hablan del tipo convivencial-armónica
“En aquest 4t clúster, en què es troba el 32% de les famílies catalanes amb criatures a l’educació primària, estem davant del col·lectiu amb millor convivència interna i el més harmònic dels quatre que conformen la nostra proposta de tipologia. [...] Són els més altruistes, cívics i religiosos dels quatre clústers. Són els més estrictes davant l’eutanàsia, l’avortament i la legalització de la marihuana, però no accepten la pena de mort… [...] En definitiva, estem davant del model familiar que, es miri com es miri, ofereix els valors més positius de tots. El millor clima intern en la família, les millors relacions amb el centre escolar, la més alta valoració dels pares i mares de l’educació que estan impartint als seus fills, corroborada per l’alta valoració que fan aquests darrers de l’estil educatiu dels seus progenitors (encara que agrairien que juguessin més amb ells), uns fills i filles que mostren el major civisme de tots. Una família tradicional, però no enrocada en el passat sinó oberta al futur.“
Y la guinda la pusieron las empresas de desinformación que remataron la faena de este lamentable despropósito pseudocientífico. Cada uno ha arrimado el ascua a su sardina como era de esperar, sin poner en duda una sola línea de lo que en el informe se publica. Unos titulan la noticia sobre el contenido de este ¿estudio? echándole la culpa a los progres y a los acaudalados. Otros le dan la victoria a los conservadores dentro de una supuesta competeción contra los progres en la educación de sus hijos.
Otra de las distopias más populares de la historia cinematográfica puede verse realizada. ¿Recuerdan el Planeta de los simios? Pues cada vez estamos más cerca. La revista Nature ha publicado recientemente un hallazgo realizado por un equipo de científicos de la Universidad de California (CA, USA) que explicaría porqué los humanos tenemos la facultad del habla y nuestros hermanos los chimpancés no. La culpa la tiene un pequeño detalle, un gen denominado FOXP2, el cual actúa como un interruptor y que desactivado en el organismo del chimpancé le hace mudo para siempre.
Las posibilidades que plantea esta hipótesis puede tener consecuencias incalculables e incluso, beneficiosas para la sociedad. Se podría deducir de todo este asunto que con una certera manipulación de la carga genética de estos animales, podríamos, antes de que cante un gallo, estar departiendo con un mono sobre la injusticia que supone que los galácticos del Madrid paguen los mismos impuestos que sus colegas españoles. Porque, claro, tener la facultad de hablar no significa que los monos vayan a tener la habilidad de decir cosas inteligentes. Ocurre con muchos humanos, como por ejemplo con el presidente de la patronal española, o con el rey de mambo de una empresa que fabrica ropa para las chicas o con el gobierno suizo (este que funcionaba como un reloj gracias a los mangantes -perdón, quise decir magnates- del mundo).
Estas mentes ¿pensantes? han dicho recientemente que sería buena idea implantar en España los contratos de horas móviles. Es decir, un trabajador firma, por ejemplo, un contrato de equis horas de trabajo al año y el empresario te las distribuye según le convenga (necesidades de la producción, o la demanda manda). En definitiva, que el currito puede estar tres meses sin pegar ni golpe y de repente, llamarte el jefe y decirte que te prepares, que desde mañana y durante una semana, de corrido, vas a hacer jornadas de quince horas diarias. Vamos, que no saben que las personas aunque lleven tres meses paradas, necesitan descansar para seguir viviendo. También, al pluriempleado le va a ser complicado compaginar sus variada vida laboral con criterios tan poco previsibles como la necesidad de producción.
Y yo me pregunto: ya que sabemos donde está el interruptor este del habla, por qué no le damos y apagamos a estos tíos.
Ya he hablado en alguna ocasión de ello pero el asunto sigue de actualidad, o actualizándose, mejor dicho. En una entrada anterior comenté una noticia sobre una empresa de telecomunicaciones francesa que tenía el dudoso honor de tener numerosas bajas entre sus trabajadores por suicidio. Un proceso que se inicio el año pasado, y que en fechas recientes conoció un nuevo caso. La dirección de la empresa decidió, tras el toque de atención del gobierno francés, poner medidas para frenar la sangría.
La solución, según los mandarines de la compañía, es esta: quien no pueda aguantar el ritmo que se baje del tren, consejo que va destinado a los más mayores, los que tienen actualmente 57 años de edad en adelante, o que trabaje menos. Es curioso, otras empresas le ponen a este proceso otro nombre: ajustes estructurales de plantilla. Como se trata de un caso especial, la dirección ha bautizado esta medida con la denominación de nuevo contrato social. Y además, está bien visto por los sindicatos. ¿Mil millones de euros sirven para acabar con la explotación capitalista? Dificilmente, puesto que la empresa no piensa modificar su planificación, como mucho aplaza su ejecución hasta que las aguas vuelvan a su cauce.
Lo que no han dicho en la información que se ha difundido al respecto, quizá deliberadamente para hacer “más bonita” la noticia, es qué van a hacer con los puestos vacantes, ¿ahorrárselos? Según la dirección a este nuevo contrato social se podrían acoger hasta diez mil trabajadores. La supuesta solución me genera muchas dudas. En el caso de no reemplazar a ninguno de los prejubildos, los que se quedan tendrán mucho más trabajo del que parece que tienen, situación que producirá un incremento del stress en éstos. ¿Esto significa que seguirá habiendo más suicidios? Tengo otra pregunta: si se deciden a hacer nuevas contrataciones, cómo captarán la atencion del demandante de empleo en el anuncio del periódico. Quizá con algo así: “empresa de telefonía ofrece trabajo para toda la vida“.
En realidad, según el Wordreference, cuando hablamos de compadreo nos referimos al trato de mutua ayuda entre las personas o a una amistad o trato frecuente. Yo añadiría un poco más: en algunos casos se trata de una relación aparentemente cordial pero antinatura. Me explico. Muchas personas se rasgan las vestiduras, y con razón, porque habitualmente sorprenden a algún miembro de un cuerpo de las fuerzas de seguridad del Estado charlando amistosamente con un presunto delincuente, para más inri cuando el primero se encuentra de servicio con el fin de hacerle la vida imposible al segundo. Compartir chascarrillos en esta situación no tiene sentido.
Tampoco tiene mucho sentido que un periodista se vaya a comer con su entrevistado a un establecimiento hostelero para hacerle cuatro preguntas y que después en la maquetación del texto aparezca en un resaltado que la broma le ha costado a alguno de los dos más de noventa euros. Y la situación deja de tener toda su lógica si en un momento de la conversación el entrevistado, un empresario de los que no conoce la crisis, menta que si los banqueros han sido ambiciosos, qué podemos decir de los que aceptaron hipotecas por el 130% del valor del inmueble. Esa pregunta se la respondo yo, aunque lo debería haber hecho el señor que llevaba la grabadora o el boli en la mano: los que firmaron semejante condena, muchas veces engañados por quien le vendió el producto financiero, por la publicidad, por el promotor del inmueble, por el notario (que se callan como putas en muchas ocasiones cuando ven las barbaridades que se reflejan en muchas escrituras, obviandolas en la lectura para no abrumar más al infeliz y nuevo propietario), entre otros, lo único que querían es tener un techo donde dormir, tal y como señala la Constitución como derecho de cualquier españolito o españolita. Demasiado compadreo.
La mala situación económica por la que atraviesa el país lleva a los gobernantes a tomar medidas drásticas. Tiempos difíciles requieron soluciones certeras. ¿Recortar el presupuesto dedicado a la investigación científica lo es?
Unos investigadores daneses y alemanes del Instituto Max Planck han asegurado que más de la mitad de los niños y niñas criados en los paises con una economía poderosa y nacidos a partir del año 2000 serán centenarios. El motivo: principalmente porque se beneficiarán de los avances y del resultado de las producciones científicas.
También, y no conviene olvidarlo, influirá en este incremento de la longevidad el tipo de profesión y las condiciones en las que se desarrolle ésta. Qué duda cabe que los avances científicos y técnicos juegan un papel extraordinario en hacer más sencilla y menos peligrosa para nuestra salud la actividad laboral.
Pero no me gustaría dejar de lado la importancia que tendrá también para alcanzar edades impensables hoy en día, la necesidad de que los humanos nos relacionemos en un contexto global de justicia social basado en el acceso en igualdad de oportunidades a los recursos y el ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas. ¿Será capaz la ciencia y la tecnología de proporcionarlo?
¡Ay, cien años! ¡Quién los pillara!
Hoy le he leído a un reputado bloguero una serie de consejos para principiantes en esta cybermanía. Todas sus propuestas eran ingeniosas y algunas me han arrancado una carcajada, no muy extensa ni sonora pero sí sincera. Uno de sus irónicos comentarios me ha llamado la atención: si quieres que te lean, trata en tus textos o documentos audiovisuales de temas interesantes para el potencial lector o espectadora, si puede ser sobre tecnología, religión o sexo. No me considero novato pero tampoco un experto en estas lides, pero de todas formas probaré con su receta, a ver qué pasa.
Tengo poco espacio como para justificar porqué en esta entrada voy a habla de sexo, así que voy directamente el grano. La sexualidad… posiblemente la cualidad humana más instrumentalizada por el poder económico, político y cultural desde el principio de los tiempos. Y el control cada vez es mayor, los medios de comunicación se encargan de ello todos los días.
Los nuevos movimientos sociales nacieron con la ambición de transformar una sociedad e hicieron hincapié en una nueva manera de definir los conflictos que devienen de las relaciones humanas, históricamente imperfectas y asimétricas. Sus principales exponentes: el feminismo y el ecologismo. La industria del sexo ha tomado buena nota y recientemente se ha podido leer en prensa cosas como que existe pornografía feminista -patrocinada por un estado europeo socialmente desarrollado- y juguetes eróticos sostenibles (si, estos que van a evitar que el agujero de la capa de ozono se haga más grande o se detenga el proceso de cambio climático).
Pero también hay muestras en la prensa de todos los días de un uso del sexo más clásico, si me apuran, fiel a los viejos presupuestos. Sí, me refiero al típico tío poderoso que se zumba a la plebeya o a su empleada. ¡Qué se lo cuenten a Il Cavaliere o a Letterman! Ya hablaremos otro día de la píldora postcoital.